Interferencias y ruido blanco en el 100.0 de la FM tras la desaparición de Radio ELA



Radio Ela

Intertesante artículo de Álvaro Lorite en elsaltodiario.com aobre la desaparecida radio libre de Madria Radio Ela.
Radio ELA cesó su emisión en enero de 2020, poniendo fin a una historia de 35 años de radio libre en Madrid. Repasando su historia, algunos de sus hitos revelan muchas de las problemáticas actuales que siguen afectando a las radios libres y comunitarias de toda España, una de las excepciones represivas en el panorama comunicativo europeo.

El 12 de enero de 2020 la emisora que había ocupado el dial número 100.0 de la FM en Madrid se apagó. Después de 11 años de emisión ininterrumpida, Radio ELA (Emisora Libre Autogestionada) emitió su última canción, dejando el ruido blanco mezclado con interferencias que ocupa por el momento el dial. Remontarse al origen del proyecto obliga a recorrer los casi 35 años años de emisión que unen a dos radios libres con distinto nombre y misma alma.

Radio ELA nace vinculada a dos eventos: el cierre de la Emisora Libre de Orcasitas (Radio ELO) y el nacimiento del Palacio Malaya, espacio okupado en la céntrica calle Atocha 49, cuyo nombre hacía referencia a su anterior propietario, el ex teniente de alcalde de Marbella, Pedro Román, imputado por el caso Malaya. Fue entre estas paredes donde nació Radio ELA, de las cenizas de ELO. “Al entrar a formar parte de los colectivos que usaban Malaya tuvimos que ocuparnos del espacio, limpiarlo, participar en los eventos y demás. Esto hizo que mucha gente activase su militancia y eso influye en el funcionamiento de la radio”, relata a El Salto Nacho, una de las personas que había participado activamente la radio del sur de Usera.

Levantaron paredes para separar dos estudios, uno de grabación y otro de emisión, y una pecera de control en una de las gigantescas salas del palacio. “Había hasta una chimenea en el estudio principal y era tan grande que tuvimos que colgar cortinas para evitar el eco”, recuerda. Tras montar el emisor y la antena, comenzaron a hacer prospecciones, recorriendo las calles aledañas a la casa con transistores en la mano, buscando los números del dial que estuviesen vacíos. Así encontraron que en el punto 100.0 solo había ruido blanco.

El 1 de mayo de 2008, ELA comienza a emitir algunas canciones y cuñas presentando el nuevo proyecto que se lanzaría a llenar el espacio vacío en la ondas. “Nos llamó gente del barrio que nos conocía para decir que nos escuchaban. Dejamos unos días nuestra listas sonando y en un día que paramos la emisión para seguir con las obras, al volver a emitir encontramos que otra radio había ocupado el 100.0. Enseguida comprobamos que se trataba de una radio pirata”, relata Nacho, incidiendo en una de las problemáticas comunes a las que se enfrentan las radios libres.

Piratas y licencias, quién es quién en la jungla de las ondas
En Entre el deber y el motín, lucha de clases en el mar abierto (Antipersona, 2019), Marcus Rediker afirma que la piratería fue una “forma de colectivismo social basado en la solidaridad” que también sirvió como instrumento de rebelión contra un sistema de trabajo esclavista impuesto por los grandes comerciantes, ingleses en su mayoría, durante los siglos XVII y XVIII. En Reino Unido, a principios de los años 60 del siglo XX, las radios piratas emitían fuera de la ley, desde barcos situados en aguas internacionales, para burlar la censura musical que se imponía desde las compañías discográficas que controlaban el mercado musical. “No tengo muy claro por qué en Europa empezamos a llamarlas radios piratas, pero al principio era así”, recuerda Mariano Sánchez, secretario de la Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid (URCM) y uno de los fundadores de Radio Vallekas. “Quizá por la vinculación al anarquismo y la bandera negra que tuvieron todas estas radios europeas, pero el término ha evolucionado y ya no significa lo mismo. Ahora una radio pirata es una radio comercial que está fuera de la legalidad pero gana dinero con la publicidad”, precisa.

“Las emisoras piratas son emisoras privadas con ánimo de lucro y fines comerciales que emiten sin licencia. Esto es claramente ilegal”, dice Isabel Lema, coordinadora de Cuac FM.
Isabel Lema, investigadora en la Red de Investigación y Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa (Riccap) y coordinadora de Cuac FM explica a El Salto que “las emisoras piratas son emisoras privadas con ánimo de lucro y fines comerciales que emiten sin licencia. Esto es claramente ilegal y, de hecho, algunas de estas emisoras han sido expedientadas en diferentes comunidades autónomas y obligadas a cerrar”. Sin embargo, no han sido las únicas atacadas en este sentido. Emisoras comunitarias, sin ánimo de lucro, como la propia Cuac FM en A Coruña o Radio Kras en Gijón fueron también expedientadas, aunque los procesos se cerraron gracias a la presión popular y el apoyo vecinal a las emisoras. Son muchos los casos similares. Recientemente asistimos al intento de cierre de la emisora Contrabanda FM en Barcelona.

En este momento, las radios libres y comunitarias se encuentran en un limbo legal ya que no existen concursos para emitir legalmente si no eres una radio pública o comercial con ánimo de lucro. Ante esto, las emisoras se encuentran en una situación legal cuando son ‘pisadas’ por emisoras piratas comerciales. “Las piratas tienen equipos mucho más potentes ya que sacan dinero con la publicidad y no podemos defendernos legalmente de ellas”, añade Nacho.

Desde la Red Estatal de Medios Comunitarios (ReMC) han solicitado en numerosas ocasiones que las administraciones saquen un concurso específico de adjudicación de licencias para servicios de comunicación audiovisual sin ánimo de lucro, tal y como se recoge en la Ley General de Comunicación 7/2010, que establece que los medios comunitarios son un servicio de la ciudadanía, gracias a la presión y trabajo de muchas personas del ámbito de la comunicación comunitaria. Sin embargo, hasta el momento, ninguna administración autonómica ha dado pasos concretos en este sentido. “Es un escándalo —reconoce Lema—, estas radios quieren licencias, las han solicitado, pero no pueden concursar porque no hay concursos, además se establece un máximo de presupuesto o se prohíbe cualquier tipo de publicidad, ¿por qué nos quieren pobres y pequeñas?”.

Existe un caso único en toda España de una radio libre con licencia, el de Radio Klara en Valencia, que emite con licencia en el 104.4 de la FM. “Es un caso excepcional, Radio Klara recibió su licencia de emisión a través de un concurso para radios comerciales, a pesar de que no es una radio comercial, se colaron. Las radios libres y comunitarias buscábamos los huecos que quedaban libres en el dial después del reparto de licencias, en especial aquellos que estaban en los extremos”, señala Sánchez.

La radio libre del barrio de Orcasitas
Fue precisamente la problemática legal que señala Lema la causa de la desaparición de Radio ELO. Para asistir a su nacimiento hay que desplazarse hasta el barrio de Orcasitas, sur del distrito de Usera, a 1985, años en los que el barrio vivía una transformación desde el llamado chabolismo por las asociaciones vecinales ligadas al movimiento de la vivienda que reclamaban unos servicios públicos que no llegaban. El local que alojaba la radio formaba parte de un edificio polivalente gestionado por la Asociación de Vecinos de Orcasitas (AVO). “Había varios locales dedicados a actividades relacionadas con el barrio, como una escuela de artes y oficios”, relata Nacho.

La emisión de ELO llegaba a muchos puntos de la capital a pesar de emitir desde la periferia. “Nos conocía mucha gente y habíamos peleado mucho, no solo contra expedientes sancionadores, sino contra otras radios piratas que nos pisaban”.

Uno de los conflictos que recuerdan es el que les enfrentó con una emisora comercial que emitía publicidad entre sesiones de música electrónica. La emisora empezó a emitir en su mismo dial, pisando su señal. A pesar de que trataron de hablar con ellos, les ningunearon. Desde ELO decidieron reorientar los dipolos de la antena hacia la emisora comercial en lugar de hacia Madrid. De esta forma, aunque la otra emisora tenía un emisor más potente, al chocar las ondas entre sí, ninguna de las dos señales se oían. Solo interferencias en el dial. “Fue una decisión kamikaze, pero no teníamos nada que perder y ellos sí, porque tenían publicistas. El tiempo jugaba a nuestro favor”, cuentan. Al final, la emisora comercial abandonó el punto del dial.

Como casi todas las radios libres y comunitarias, ELO se mantenía a través de las cuotas que pagan los programas, además de los conciertos. “Participábamos mucho en las fiestas de Orcasitas, que se hacían en la plaza que había debajo de la radio. Hacíamos radio en la calle o subíamos a la gente al estudio”, recuerda Nacho. En aquella época la radio emitía en el 98.6 de la FM y ya se encontraba acostumbrada a lidiar con los expedientes sancionadores por emitir. “Estos expedientes se van resolviendo en una serie de plazos que ya conocíamos y cuyos tiempos estaban calculados. Era una práctica habitual”, relatan.

“Las razones legales para atacar una radio libre o comunitaria son la mera ausencia de autorización administrativa para emitir. Es decir, la falta de licencia. No obstante, existe jurisprudencia en España para deducir que únicamente esta razón no es causa suficiente para cerrar un medio de comunicación. Y ello es así porque el derecho a la libertad de expresión y comunicación es un derecho fundamental, recogido en la parte de derechos constitucionales básicos de la Constitución”, explica Lema a El Salto.

Sin embargo, en 2007 llega un expediente sancionador dirigido contra el conjunto de locales que usaban el edificio donde se alojaba ELO, no solo contra la radio. “Era una diferencia, antes los expedientes habían llegado contra la asociación de la radio, ahora, al ir contra el centro emisor, podían responsabilizar a la asociación de vecinos del edificio”, cuenta Nacho. En un punto de los plazos de resolución del conflicto, la AVO decidió cerrar el local y dejar de emitir, a pesar de las quejas por parte de la asociación de radio. “No lo consultaron con nosotros y nos dejaron sin acceso al local, solo queríamos mantener la actividad a la vez que manteníamos la lucha contra el expediente sancionador”, lamenta Nacho. En ese momento, durante un mes, la asociación de la radio trató de conseguir reabrir el local para volver a emitir, pero la AVO se negó.

En el expediente sancionador se les acusaba de tapar las emisiones que estaba haciendo Radio Clásica hacia Castilla León desde un centro emisor de la sierra. Aunque Radio Clásica en Madrid se cogía en otro punto del dial, según los acuerdos el 98.6 también les pertenecía. Desde Radio Clásica alegaban que su dial era el 98.8 para Castilla León y la emisión en el 98.6 no dejaba el espacio de tres puntos requeridos. El Ministerio de Telecomunicaciones realiza prospecciones periódicas del espacio radiofónico que saca a concurso para comprobar si está limpio o no. Desde ELO siempre pensaron que sería a través de una de estas prospecciones cuando darían con su señal, ya que nadie en Madrid sintonizaba Radio Clásica en ese punto del dial.

“Entonces tomamos una decisión muy difícil —reconoce Nacho—, aunque muchos no vivíamos en Orcasitas, nos sentíamos muy ligados al barrio. Pero era inviable reconducir la situación para poder emitir ahí. Montamos una asamblea y se llenó. Normalmente éramos siete u ocho personas en las asambleas y en esta pudo haber unas 50 personas. Decidimos de forma unánime entrar al local y llevarnos el equipo que nos pertenecía para comenzar la emisión en un nuevo punto. Pero mucha gente dijo que, aunque nos apoyaban y nos ayudarían a trasladar el equipo, no iban a poder seguir en la nueva aventura”.

Precariedad, inestabilidad y gente quemada, las tres parcas de las radios libres
Regresando a mayo de 2008, la gente de Radio ELA descubrió que quienes emitían por encima de su señal era una radio pirata con publicidad de las casas de envío de dinero a Latinoamérica. “Estaban muy de moda los call centers y y muchos tenían publicidad en esa emisora. Algunos de los programas tenían un fondo social, los hacían migrantes de latinoamérica. Nos encontramos con una gran contradicción”, recuerda Nacho. Tuvieron varias reuniones con ellos. A la primera acudieron casi 30 personas, con crías y personas mayores y se sintieron muy presionados. “Al final era una cuestión de quién había llegado antes al punto del dial vacío. Nos juraban que emitían desde antes del 1 de mayo, pero sabíamos que era mentira, porque habíamos hecho las prospecciones durante varios días y sabíamos que ahí no emitía nadie”. Finalmente, tras varias discusiones, ELA mantuvo el dial y arrancó su andadura de 11 años hasta 2020, cuando cesaron sus emisiones.

Durante los meses de Malaya, la radio recibió un montón de visitas de gente joven y colectivos interesados en participar y hacer emisiones, según cuentan desde ELA. Sin embargo, en noviembre de ese mismo año el espacio era desalojado por la policía. “En aquel momento decidimos apostar por algo de estabilidad”, añade Nacho, “terminamos compartiendo los locales con los grupos que estaban en el número 10 de la calle Fé, entre los que se encontraba Diagonal”.

Radio ELA se alojó en un subsótano, “una escalera que bajaba hasta los infiernos, aunque era como una cueva y fresquita en verano”. Aquella fue la época de mayor estabilidad de la radio, los programas de la radio ganaban en calidad, pero se daba una de las paradojas que se repiten entre las radios abocadas a hacer equilibrios entre la lucha constante por su existencia y la estabilidad para poder centrarse en la emisión de los contenidos.

La principal problemática a la que se enfrentaba ELA durante aquella época era afrontar el pago de los gastos del local. A pesar de que lo conseguían mediante cuotas y fiestas, centrar todo el trabajo en la organización de eventos provocaba que algunas personas se quemasen del trabajo militante. “Cuando las cosas están chungas, como cuando murió Radio ELO, todo el mundo arrima el hombro y las asambleas se llenan. Es como un mecanismo de defensa que tiene la radio. Estas acciones te dan mucha visibilidad y te ayudan a definirte como radio. Pero una radio necesita estabilidad para poder cuidar los contenidos. En esta época mejoraron muchísimo los programas, pero la parte de gestión y coordinación queda sobre los hombros de muy poca gente que asume muchas cargas”.

Mariano Fernández, otro de los coordinadores de Cuac FM, ejemplifica esta problemática en una anécdota. “La radio estuvo a punto de irse a pique y básicamente era porque había dos grupos. Por un lado estábamos los que hacíamos toda la parte de gestión y por otro las personas que hacían su programa. Éramos como los ‘jefes’ frente a los ‘usuarios’. Nos percibíamos así los unos a los otros y tuvimos que hacer mucho trabajo para ponernos en el lugar del otro y salir juntos adelante”. “Hacer un programa de radio semanal o quincenal es un trabajo de producción muy grande, no quitemos valor a eso”, añade Lema.

De aquel local tuvieron que mudarse a otro, ya que el aumento del alquiler que se les propuso en un principio se salía del ajustado presupuesto del proyecto. “Encontramos otro local alquilado en Lavapiés. Allí estuvimos otros tres años y fue de las mejores épocas en cuanto a calidad de radio. Nos conocía mucha gente”, continúa Nacho.

Sin embargo, los problemas económicos emergieron de nuevo y hubo que planear una nueva mudanza al Ateneo de Villaverde, local de la CNT que cumple 40 años. “El problema es que, al estar en un lugar periférico y mal comunicado, mucha gente no podía desplazarse tan a menudo y no podíamos abarcar todas las actividades de cuidado del espacio a las que nos habíamos comprometido para poder estar allí”, concluye Nacho. Fue entre esas paredes donde finalizó la emisión de Radio ELA en enero de 2020.

¿Internet mató la estrella de la radio?
Aunque hay quien pueda pensar que la emisión en FM está muerta, Lema reflexiona en torno a ello: “Es cierto que se dice que ‘la FM está muerta’, especialmente lo han dicho sectores que no están interesados en que las comunitarias se acojan a su derecho de acceso ‘a un trozo del pastel’, pero claro, si está muerta, ¿por qué la Cadena SER, Onda Cero o la COPE no la abandonan? Está claro que si no fuese rentable ahí no estarían”.

Durante la crisis del covid 19 el Gobierno ha compensado con 15 millones de euros a las televisiones privadas para contrarrestar la pérdida de ingresos por publicidad y garantizar el servicio público que estas empresas prestan o deberían prestar. “Sin embargo, echamos en falta líneas de apoyo firme a un Tercer Sector de la Comunicación que garantizarían la viabilidad de un ámbito clave para la pluralidad informativa y el derecho de comunicación”, critica Lema.

El caso de estos medios en el panorama europeo es muy distinto y diverso. Existen países donde los medios comunitarios o asociativos gozan de una alta protección por parte del estado, lo que implica también financiación pública por los servicios comunitarios que desempeñan. Son los casos de Irlanda, Reino Unido, Holanda o Austria. En países como Francia están prácticamente equiparados a la radio pública y se prioriza la existencia de una de estas radios por municipio. El caso español o el de Hungría se encontrarían en el extremo opuesto, donde las autoridades persiguen este tipo de comunicaciones y cierran radios.

Desde Irlanda, Sally Galiana, expresidenta de la sección europea de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (Amarc) y coordinadora de la radio Near FM en Dublín, atiende a El Salto y cuenta que “la radio comunitaria lleva accediendo a licencias desde 1995. Está sujeta a la misma regulación que cualquier otro tipo de radio, por lo que cualquier problema con otra emisora contactarían con el organismo regulador”. Galiana explica que ser legal no implica una financiación central de la radio, pero sí el acceso a concursos para poder sacar dinero con cursos de formación, por ejemplo. Este acceso permite contratar a parte de la gente que se ocupa de la gestión de la radio en su día a día.

“Ahora estamos reflexionando sobre todo lo que nos ha ido pasando gracias a que nos llamáis vosotros o programas como Barrio Canino”, señala Nacho. “Si no nos hacéis hablar de ello, nos cuesta pensarlo. Parece que si no lo cuentas, no ha ocurrido. Uno de los aprendizajes que nos llevamos es que hay que saber resignificar las derrotas, si no, es difícil que haya un relevo generacional en estos proyectos”.

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