Fallece Miguel Molins, histórico de Radio Popular de la Valencia de los años 60-70

Miguel Molins

Baltasar Bueno publica en El Periodico de Aquí el obituario de Miguel Molins:
Fue siempre discreto, silencioso, respetuoso, para nada vanidoso, sencillo, eficiente, organizado, de costumbres enraizadas, amante de les coques cristines de Foyos, pueblo que tenía como suyo

Por Amparo Garcés, –Amparín-, la perfecta, eficaz y eterna secretaria de Radio Popular de Valencia, me entero que esta madrugada ha muerto Miguel Molins, quien en los años 60-70 fue la voz agradable, como lo era su persona, de la radio en Valencia.

Miguel Molins comenzó muy joven de locutor en Radio Manises, de ahí pasó a la emisora parroquial Radio Castellar y al fusionarse ésta con la emisora parroquial de Alzira se fue a la resultante, Radio Popular de Valencia, lo que hoy es COPE Valencia.

Tenía un programa muy popular, muy escuchado, en las primeras horas de la tarde, «Cada canción un recuerdo». A diario recibía cientos de cartas de mujeres pidiendo emitiera determinadas canciones que les recordaban momentos gratos en sus vidas.

Atendía todas las peticiones que llegaban de la extensa geografía valenciana. Llegaba a la emisora y su mesa era una ingente cantidad de sobres enviados por correo. Y respondía a todas las llamadas telefónicas.

Era el encargado de la fonoteca –discoteca en aquel tiempo- su despacho era como una biblioteca llena de discos. No existían los ordenadores, ni la tecnología de ahora. Clasificaba, guardaba, conservaba los discos de vinilo como si fueran libros. Los tenía numerados y organizados, pero de memoria se sabía dónde estaba cuando alguien se lo solicitaba.

De cantantes y canciones sabía más que todas las discográficas juntas. Estaba al día en cualquier disco que saliera al mercado, de cualquier novedad de los cantantes, a todos conocía, con todos había estado y hablado.

Para quienes no conocieran la radio de aquella época les será difícil entender el heroico y valioso trabajo que realizaba. Hoy todo está en internet, todo aflora en el momento que lo buscamos. Él sabía sin ninguna apoyatura informática o electrónica la ráfaga musical que necesitabas para una sintonía o un programa o un tema para ilustrar sonoramente un programa. Sabía en qué disco estaba y en qué parte del mismo.

Era tan buena persona como acelerado por la vida iba. Se ganaba por su bondad y afabilidad a todos. Durante un año estuve ayudándole en la discoteca de Radio Popular de Valencia, cubriendo la baja de una compañera. Y ahí comenzó mi cercanía y simpatía por los medios de comunicación. Me enamoró la radio, el medio más rápido y eficaz de todo, el que más llega a la intimidad de las personas. De esa seducción, con el tiempo, vendrían otras, un sin parar.

Aparte las afectuosas tardes musicales recordatorias, Miguel Molins preparaba los discos de todos los programas, los listados que obligatoriamente tenían que enviarse al Ministerio de Información y Turismo para que censurara cuáles si y cuáles no podrían ser radiadas. Así eran los tiempos de Franco. En su discoteca, a pesar de estar prohibidos, tenía todos los discos de cantantes cuestionados. Y todos los temas tachados de antemano por el lápiz rojo del franquismo. Ríete tú, estaba prohibido poner en antena la «Maredeueta» de Concha Piquer, porque se trataba de una historia de amantes y queridas decían.

Fue siempre discreto –difícil encontrar una foto de él en internet-, silencioso, respetuoso, para nada vanidoso, sencillo, eficiente, organizado, de costumbres enraizadas, amante de les coques cristines de Foyos, pueblo que tenía como suyo, por familia y por ser de la huerta marina de Cuiper-Roca. Se ha marchado silencioso, con la satisfacción del deber cumplido, de haber endulzado los mejores momentos de aquellas mujeres que trabajaban en sus casas, en sus talleres, en los almacenes de naranjas, en las fábricas de un tiempo tan distinto al nuestro en que aparecieron las salas de baile y se comenzó la transición a las discotecas.

Seguro que aquellas oyentes, como sus compañeros y compañeras de trabajo, sienten hoy una agridulce sensación de vacío, de añoranza, de una persona y de un estilo de radio, que con pocos medios se hizo grande, útil, eficaz y popular, heroica –se hacía radio con cuatro alambres- y popular, muy popular.

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