Fallece a los 96 años Araceli Ruiz, ex locutora de Radio Moscú en español bajo el pseudónimo de Elena Ivanova



Araceli Ruíz "Elena Ivanova"

La Nueva España informa que Araceli Ruiz Toribios, “niña de la guerra” y adalid de la memoria histórica en Asturias, falleció ayer (26/2) en Gijón a los 96 años. Aunque originaria de Palencia, explican quienes la conocieron que se mudó siendo solo un bebé a la ciudad por el trabajo de su padre, ferroviario. Ella siempre se consideró de El Natahoyo. Tuvo tres hermanas y con las tres partió en el carguero que el 23 de septiembre de 1937 se llevó desde El Musel y hasta Rusia a más de un millar de niños que huían de la Guerra Civil. Tenía poco más de 13 años y contaba, décadas después, llena de una indignación que no la abandonaría nunca, que tardó años en lograr el permiso para regresar a España. Lo hizo en 1978 y fue durante años presidenta de la asociación regional de los llamados “niños de la guerra”. Su marcha, lamentan las entidades sociales y de izquierdas de la ciudad, supone la pérdida del último “testimonio directo” de este millar de refugiados en Asturias.

De Ruiz Toribios, cuenta el exedil de IU y memorialista Jesús Montes Estrada, “Churruca”, podría escribirse “un guión” con infinitos giros argumentales. Desde su partida en la bodega de un carguero francés rumbo a la Unión Soviética –con escalas en Francia y Londres antes de llegar a un orfanato del por entonces Leningrado– hasta su estrecha amistad con el Che Guevara, a quien conoció ya de adulta y tras ser enviada a Cuba como intérprete en castellano de agentes soviéticos. El revolucionario, horrorizado al saber que la asturiana llevaba sin ver a sus padres desde niña, les pagó un viaje a la Habana.

La película de Ruiz debería hacer mención también a su formación como ingeniera de caminos y a su trabajo como locura en castellano en el Comité Estatal de Radio y Televisión, en el que la deportada adquiría el pseudónimo de Elena Ivanova para narrar cartas de oyentes de Latinoamérica. Su voz llegaba hasta Asturias por radios clandestinas, sin saber los oyentes que estaban escuchando a una de sus paisanas. José Luis Iglesias, de Asturias Laica, fue uno de ellos. “Cuando me dijo que era ella creí que era broma. Desde entonces, siempre la llamé así, Elena Ivanova. Era una broma entre nosotros que poca gente entendía”, recuerda, apenado. Iglesias lamenta que a su historia, junto a la de todos los “niños de la guerra”, Asturias todavía le deba un homenaje “en condiciones”. Él, por su parte, convocó en la noche de ayer una reunión telemática con otros colectivos memorialistas de la ciudad para estudiar cómo recordar su figura.

Una por entonces joven Ruiz conoció en el Centro Español de Moscú al que sería el amor de su vida. Se llamaba Laureano Fernández y cumplía todas las expectativas a las que aspiraba la gijonesa, que buscaba un marido español y con un nivel cultural similar al de ella. A Fernández le recordaba en una entrevista cedida a este diario en 2017 como un hombre “guapo e inteligente”, y siempre lo defendió como un buen partido: era, además de otro “niño de la guerra” original de El Entrego, un reputado abogado y experto en criminología. Se casaron en 1948. Él falleció en 1975, pero Ruiz no le olvidó nunca. Hace cuatro años fue a ver su tumba en Moscú. El mismo año de perder a su marido perdió a su padre y, pocas semanas después, se murió Franco, así que ese año dejó a la asturiana dos grandes sombras pero también una luz que llevaba tiempo esperando: el fin de la dictadura que pudiese garantizarle un regreso seguro a España. “Lo había hecho antes y acabó detenida e interrogada en la comisaría de Gijón”, aclara Iglesias. “Estos niños fueron los primeros niños refugiados, un perfil que desgraciadamente se ha repetido en conflictos recientes. Quedan alrededor de un centenar, pero no con la lucidez que ella tenía”, completa “Churruca”.

Al regresar a Gijón se volvió a casar, esta vez con Saturnino Rodríguez, otro “niño de la guerra”, también viudo, con quien acordó pasar los últimos años de él, que fueron pocos. Cuando la memoria le empezó a fallar sus dos hijas la llevaron a una residencia de mayores. Fue hace cosa de dos años. Ruiz, desde entonces, fue dejando poco a poco de ser consciente de su propia historia y su mente regresó a épocas soviéticas. Cuentan desde su entorno que a las cuidadoras del geriátrico, últimamente, la “niña de la guerra” les hablaba en ruso.

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