Entrevista a la periodista, guionista, y pareja de Jordi Cuixart, Txell Bonet (iCat)

Txell Bonet

Txell Bonet (1975) es periodista, guionista y pareja de Jordi Cuixart, encerrado en la cárcel hace un año y medio. Bonet estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra y actualmente hace el programa de radio ‘Això es un drama‘ para iCat FM y el Instituto del Teatro. Bonet tiene una carrera dilatada en este ámbito y ha trabajado de guionista de televisión (‘Kilòmetre 33’, ‘Bestiari il.lustrat’), locutora de radio (‘Cabaret elèctric‘) y hasta para el Canal francés Arte. Bonet recibe a VilaWeb en los Lluïsos de Gràcia, el barrio donde ya vivían sus cuatro abuelos. En esta entrevista queremos hablar de Txell Bonet más allá de Jordi Cuixart. Para saber quién es: la biografía, las motivaciones y los puntos de vista.

-La Wikipedia dice que eres nacida en Fulleda.
-No es verdad. Es el pueblo de mi abuelo paterno. Íbamos muy a menudo y es mi pueblo de referencia. Yo he nacido en Barcelona, y he pasado la infancia en el barrio de Gracia. Niñez que me recuerda a algunos barrios de Lisboa: mi padre nos llevaba a la escuela a las tres hermanas arriba de la moto. Como en Vietnam: una delante, y dos detrás. Gracia es un barrio muy barrio. Pero también fuimos mucho a este pueblo tan pequeño, Fulleda.

-¿A qué se dedicaban sus padres?
-Tenían aquí en la calle de la Providencia una tienda de legumbres, aunque el abuelo era ebanista. Pasa que en la posguerra nadie se hacía ningún mueble, y en cambio la gente comía legumbres. Mi familia siempre ha vivido reflejada por el norte, y por Europa. Mi padre tenía dieciocho años y pasaba todo el día en Francia. Era la internet de los años setenta. Terminó renovando la tienda de los abuelos y la hizo como los franceses: comidas preparadas, patés, vino. Una épicerie. Hay trabajábamos todos y hacíamos vida.

-Y los otros abuelos a que se dedicaban?
-Los vaqueros. Yo tenía los abuelos graneros de la tienda de legumbres y los abuelos vaqueros. Los cuatro se llamaban igual: Josep y Carme y Josep y Carme. En la calle de Verdi, donde ahora hay una tienda de vinos, antes había una vaquería, donde los abuelos vendían la leche. Allí dentro nacieron mi madre y mi tío. Y en la calle del Rubí, donde ahora mi hermana tiene un taller de maquillaje, es donde los abuelos tenían las vacas. Tenemos fotografías.

-¿Los dos padres barceloneses?
-Los dos padres barceloneses. Y mi abuela, que tiene ciento un año y todavía vive, y tiene la cabeza bien clara, también nació en Barcelona. Era la última hija de una gente aragonesa que desde el primer día hablaron catalán. Tenía parada de verdura en el mercado de Sants.

-¿Vuestra madre a que se dedicó?
-De muy joven mi madre ya trabajaba de secretaria, en un despacho de arquitectos. Sé escribir con todos los dedos y a toda velocidad gracias a ella. Yo a los ocho años ya tenía máquina de escribir. Pero cuando mi madre se casó con mi padre, ya pasó a formar parte de la fábrica, donde todos hacíamos croquetas y canelones.

-¿Sois la primera generación con carrera universitaria en la familia?
-Sí. Pero mis hermanas todavía tienen más estudios que yo. Yo estudié audiovisuales. Mi hermana pequeña tiene la carrera de hostelería, es sumiller, y tiene la carrera de maquillaje. Y la mediana, tiene la carrera de publicidad, la de diseño y no se cuantos másters. Cada vez que tiene un hijo aprueba uno con matrícula de honor. Ahora es profesora en la Escuela Massana, de diseño. Yo soy la hermana mayor y hacía bondad, dicen. Era muy buena niña. Esto me decía el abuelo. Los abuelos nos dedicaron mucho tiempo. Los padres eran máquinas de trabajar.

-¿Escuela?
-Fui a una escuela de monjas, y estoy muy contenta. Era muy progresista, y todo en catalán. El Sant Josep. En la calle del Montseny. Yo era buena estudiante. Siempre he sido buena estudiante. Por suerte tengo muchísima memoria.

-Comunicación audiovisual, ¿por qué?
-Me atraía mucho la fotografía y el medio audiovisual para explicar las cosas de otro modo. Todo el mundo del cine y los movimientos underground, me atraían. Pero este no era el único interés. Los idiomas siempre me han gustado mucho. La geografía. Todo lo que tiene relación con el medio. Y si ahora tuviera el tiempo, y la suerte, de volver a estudiar algo, estudiaría ciencias. Mis preocupaciones principales son la destrucción de la biodiversidad. Hoy por hoy, es el tema que me interesa más.

-He visto que habla rumano
-Me han interesado siempre todos los idiomas. Con los padres viajamos mucho por Europa. Íbamos con autocaravana. Y antes siempre compraba el diccionario del país donde íbamos. Mi abuelo me educó con esta estimación por el catalán y por la diversidad. En Bretaña pedía a los ancianos si hablaban bretón. En casa puedo tener treinta o cuarenta diccionarios. De rumano, hice una universidad de verano en Rumanía muy corta y volviendo conocí una vecina de mi abuelo rumana. Terminamos viviendo juntas. Aquí en Barcelona fui de oyente a las clases de Virgil Ani. Gran profesor. Tiene ochenta años, ahora. Un pozo de ciencia. El rumano tiene una cierta dificultad y no lo parece, porque aunque tenga 2.500 palabras comunes con el catalán, tiene mucha cosa de palabras turcas y eslavas. Y se declina todo. Pero morfológicamente es una lengua latina. A mí el chasis me entra.

-Jordi Balló, he leído, es persona importante para su formación. ¿Quién más?
-Recuerdo perfectamente las clases de cine en la UPF. Es él quien nos presentó a Pere Portabella, cuando yo tenía veinte años. Era una ignorante y creía que el cine catalán era una mierda. Y cuando vi las películas underground, como el Vampiro Cuadecuc, dije: Esto! Esto! Esto! Parecía un videoclip, aquella película. Pero no sólo Jordi Ballo. Éramos primera generación, en la UPF, y muchos profesores era la primera vez que hacían clases. Lluís Maria Güell, Sergi Schaaf, José Luis Guerín, que era una performance, Xavier Pérez Torio, que nos explicaba los argumentos universales, Fontcoberta haciendo fotografía, aunque no me tocó. Paco Poch. Y del colegio de monjas de Gracia recuerdo la profesora de catalán. La Pilar. Tenía el pelo canoso, muy elegante. Pequeña y muy interesante. Y la lista no es completa. Porque el budismo lo dice, me parece: todo el mundo ha sido tu maestro. Incluso de aquellos con quienes que has tenido una desavenencia puedes aprender.

-Cerramos el bloque de educación. ¿Nada que añadir?
-Que no te puedes enterrar vivo. Mi abuelo hasta el último día de su vida aprendía palabras. Tenía un diccionario, como un ladrillo, y apuntaba las palabras nuevas. Y el otro abuelo, el vaquero, estaba obsesionado con leer. Yo fui a la escuela que ya sabía leer. Cada tarde me sentaba en su regazo, con el olor de vaca que yo le decía que tenía en las manos, y me enseñaba a leer. No te tienes que enterrar nunca vivo. Nunca. Si ahora yo, no digo a los cuarenta años, sino a los cincuenta, me quiero poner a estudiar biología, pues adelante, tú. Todo depende de ti. Mi abuelo empezó a hacer radio a los ochenta años. Oscar Dalmau (RAC 1) vio que tenía gancho. Y Josep Bonet, el granero, a los ochenta años se preparaba la sección. Este pensamiento libera. No nos podemos enterrar vivos.

Txell Bonet, poetisa. Tiene dos libros de poemas escritos.
-Detente bala i Blaus i miracles. Ambos en catalán. El Detente bala me parecía algo maravilloso. Un escapulario que ya los carlistas se ponían en el corazón, con la intención de que la bala no los matara. Se lo inventó una monja en el siglo XVII. Me emociona el concepto. Y la palabra es superpop: ‘Detente bala’. Yo entro en la poesía mediante el espectáculo. No soy una gran experta, de poesía. Yo hacía espectáculos, más que poesía. Los poemas me cosía vestidos de segunda mano, los hacía más carnavalescos, y festivos, y debajo llevaba ropa interior con los poemas cosidos. Durante el espectáculo la gente los cortaba, les arrancaba. Yo jugaba con eso. Para mí significaba eso: la idea de que las cosas se deben hacer, aunque luego alguien las pueda destruir. Hacer. Siempre hacer. Construir. El Detente Bala lo he hecho en un entorno artístico más que en entornos literarios.

—¿Y el Blau i miracles?
-Me habían sobrado baldosas en un piso. Parecían como las del metro de París, pero de color azul oscuro, que es un color que me gusta mucho. Me gasté la pasta comprando cristales del mismo tamaño, 7,5 cm x 15 cm, en el suelo. Y era como si tuviera un mar de baldosas a mis pies. E iba con un saxofonista, Sergi Felipe, que trabajaba muy bien. Con Johnie Owens, que era de Inglaterra. Y a veces con un gitano que tocaba el címbalo. Hasta que no lo encontré, no paré de dar voces a los gitanos que encontraba por la calle. ¿Tú tocas el címbalo? Hasta que un día el teléfono me sonó. Eh, yo toco el címbalo. E hicimos varios espectáculos juntos. Sonaba muy poético. El címbalo es un instrumento increíble. Aquí rompíamos las baldosas, y las baldosas tenían un poema dentro. Cuando me quedé embarazada dejé de hacer estos espectáculos. Sacaba fantasmas que ya no lo eran.

Txell Bonet, locutora de radio.
-A dieciocho años empecé a hacer radio, que simultaneaba con la carrera. Ràdio Estel, por ejemplo. Y a partir de los veinticinco estuve en Ona Catalana, iCat FM, Catalunya Ràdio, donde hacía el programa ‘Cabaret eléctric’. Siempre haciendo cosas de cultura más alternativas y poco pulidas. Le tengo gran respeto a la radio. Ahora hago un programa con el Instituto del Teatro, que luego ponemos en la web de iCat. «Aixó es un drama». Y trabajo para una productora que hace videos para los servicios sociales, o colectivos vulnerables y puedo poner la voz en off. Modulo la voz, y no me reconocen.

Txell Bonet, guionista de televisión.
-He trabajado mucho con Jordi Fàbregues y Mai Balaguer. Programas como ‘Kilómetre 33’, en el que viajábamos mucho. O ‘Bestiari ilustrat’, con Jair Domínguez. Aquí hacía de guionista.

-Guionista del famoso gag de Jair Domínguez en que dispara al rey de España. ¿Es eso?
-Sí. No me quito responsabilidad. Al contrario. Me gusta que conste en mi currículum. Que quede claro. Pero tampoco me gustaría quitarme méritos. Hacíamos unos programas de creación muy colectiva. Y yo propuse matar Hitler y Franco. Y es él que dice: ‘No, no. Gente viva. ‘El trabajo del guionista también era ordenar las ideas que iban saliendo.

Txell Bonet, fichero. ¿Qué es un fichero?
-La persona que en programas de televisión se encarga de hacerlo todo posible. He hecho mucho para Canal Arte francés. No sólo es la producción. He llegado a hacer todo el casting de los personajes y de los espacios del programa «Sur la tour de ville», programa que se hizo en Nueva York, Londres, París, Tokyo y Barcelona. Se filmaba en grandes azoteas. Yo tenía que ir a mirar azoteas de casas, elegir lo bueno y encontrar la gran experta en arquitectura de Gaudí, por ejemplo. He viajado con Gérard Depardieu, yendo por toda Catalunya buscando los grandes sitios gastronómicos. Aquí básicamente le hacía de traductora.

-Y ahora, ¿qué trabajo hace?
-Como decía, un programa de radio en el Instituto del Teatro. Y poniendo voces en off. Desde que mi compañero entró en prisión, hasta el mes de enero, no paré. Y el mes de enero tuve que parar y rehacer algunas cosas de mi vida personal. Por eso en enero-febrero trabajé con la Negra y Criminal y paulatinamente recupero más trabajos. Pero no cojo proyectos muy grandes. Para poder tener suficiente flexibilidad.

-¿Como conoció a Jordi Cuixart?
-En una presentación de Òmnium.

-Jordi Cuixart: ‘Mi prioridad no es salir de la prisión, sino luchar para cambiar la situación.’ Poca broma con esta frase.
-Eso lo dice Thoreau: si el sistema es injusto es normal que yo esté en la cárcel. Yo estoy bien porque sé que él está bien. Si él estuviera amargado no podría llevar adelante la vida igual. En lo esencial, nos tenemos. Y sé que él tuvo que pasar situaciones muy difíciles tiempo atrás. Ahora, de hecho, nadie que preferimos no nos hace daño directamente. Una amiga mía me dijo: ya ha pasado más desiertos. Quizá por suerte tenemos el pisito de la cabeza ordenado y amueblado. Quizás todo esto nos ha cogido que ya teníamos unas herramientas. A él, la meditación la ayuda mucho. Y la ha desarrollado en prisión.

-Él acepta que tal vez tendrá que pasar muchos años en prisión. Quizás los de fuera no lo aceptamos tanto.
-Aceptar no significa rendirte. Aceptar es colocarte en un punto de serenidad mental para poder luchar. Yo desde el minuto cero acepté que Jordi estaba en la cárcel. A veces pienso que el hecho de gestionar la solidaridad, la ayuda, y que la energía estuviera bien canalizada, es lo que te desborda. Más que la injusticia, canalizar la energía. La aceptación, vivir el aquí y ahora, es una herramienta perfecta para poder luchar. En la vida siempre vale más vigilar mucho el discurso que siempre te repites. La fuerza de la palabra. Si cada día te dices: ‘Mi vida es una mierda y estaré diez años en prisión’, te puedo asegurar que tu vida es una mierda, y que incluso no harás nada, porque como te tocan diez años. Hay una idea de que es: sólo puedes cambiar lo que puedes cambiar. Hay cosas que no puedes. Pero cambiando lo que puedes cambiar, a veces se termina cambiando lo que no podías. Sobre el acercamiento, yo veía claro que era un derecho escrito en la ley española. Pues cambiando esta situación, reclamándola, después tuve más energía y tiempo, y pude hacer aún más trabajo. Lo importante en la vida es ponerse en movimiento.

Txell Bonet, ¿’Es usted socia de Òmnium Cultural’?
-Sí, pero tardé mucho en hacerme, aunque ya había trabajado para Òmnium, presentaba actos y conocía al presidente Porta, que compraba en la tienda de mis padres. Yo recuerdo que tenía una broma con Jordi, que no me quería hacer socia si no era que él hiciera no sé qué. Era una broma de pareja que duró tiempo. Y al final me hice socia de Òmnium. Claro que sí.

-Aquí hay una campaña activada, que no sé como la veis: Jordi Cuixart, presidente de Catalunya.
-Insisto. Lo importante no es eso. Lo importante es el aquí y ahora. El aquí y ahora. Y ahora eres una persona acusada de haber hecho uso de unos derechos fundamentales: derecho de manifestación y derecho de expresión. Es juzgado por haber hecho lo que también hicieron dos millones de personas. Ahora atravesamos un momento muy grave y es juzgado por el activismo social. Y tenemos que defender eso. Yo no soy él. Ni sé lo que piensa. Ni qué hará. Las circunstancias del futuro no sabe nadie cuáles son. Después la vida da muchos tumbos. Pero ni lo hemos hablado. Somos muy de vivir el ahora y el aquí. Yo no digo ni que sí ni que no, digo que en nuestra pequeña convivencia es un elemento que no abordamos. Ahora mismo es un momento de defender las cosas por las que somos atacados. Después ya veremos. Primero gatea, luego camina. Si es que esta es la evolución. Que no es obligatorio. No es obligatorio. No tienes que pasar por fuerza de la sociedad civil a la otra. Es una cuestión que, tome la decisión que tome, siempre le respetaré.

-Se puede encontrar una presión encima para que dé el paso.
-Sí, pero es muy mayorcito. Si algo tiene, es que hace siempre lo que cree que debe hacer él.

-¿Nada más?
-Que ni yo represento a él, ni él a mí. Y que tampoco debe ser tan interesante mi existencia. ¿No creen?

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