Cuac FM vuelve a emitir en FM

Cuac FM

No es el graznido del pato el mejor sonido para la frecuencia modulada (FM) en la que, de nuevo, emite Cuac FM. Pero lo hace para demostrar que es posible derribar las murallas de esa nueva Jericó que es imponer la ley del silencio o impedir que la libertad de expresión sea una realidad. Lo ha contado mundiario.com.

Sí: tras una larga ausencia “patrocinada” por la Xunta de Galicia, Cuac FM “grazna” de nuevo desde el pasado fin de semana. Es el graznido, a pesar de todo grato, de quien vuelve a surcar las plácidas aguas del lago radiofónico en el que la administración gallega “sembró” trampas en las que. tarde o temprano, los jóvenes radiofonistas nacidos a las ondas hertzianas en el seno de la Universidade da Coruña caerían más pronto que tarde. Una administración empeñada en crear silencios onerosos, cabreos justificados, dolores agudos en pechos todavía jóvenes henchidos de ilusiones y amor a la libertad. Una libertad que, muy probablemente, aquellos que echaron el candado a la libre expresión, jamás han disfrutado plenamente mientras otros, ya en el plano profesional, peleábamos por un espacio en el que el franquismo no hicieran valer sus cortapisas para conducirte directamente al Tribunal de Orden Público (TOP).

Cuac FM ha superado los obstáculos. A pesar de todo. Imbuidos de fe en el derecho y plenos en una especie de lucha sacrosanta –sin banderas ni pendones ajenos– a favor del internacionalmente reconocido sentido de que solo el silencio pesa más que la palabra, la radio comunitaria se mantuvo terne en su ideario de formar y entretener a pesar de los pesares, y ganó. Ganó a la todopoderosa máquina de triturar derechos y grazna sin menoscabo para sus plumones después de haber salido de esa ciènaga en la que la Xunta la quiso hundir como emisora radiofónica. Los micrófonos con sus cortavientos lucen de nuevo y sus usuarios, absolutamente convencidos de que han ganado la batalla y la guerra de la incomprensión, vuelven a decir lo que deben en un “aquí está la puerta de Alcalá” y un más que rotundo “Veceremos nós”. Por no sacar a las calles nuevamente un rotundo “Nunca máis!” que reviva viejos sentimientos nunca del todo olvidados.

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