Andreu Buenafuente (SER) publica su nuevo libro, ‘Reír es la única salida’

Andreu Buenafuente

El cómico y presentador de televisión presenta el libro Reír es la única salida, un volumen autobiográfico que reúne un conjunto de diarios escritos entre 2016 y 2018. Le han entrevistado en revistagq.com
El libro, editado por Harper Collins e ilustrado por el propio Buenafuente, es el retrato de un profesional honesto que se toma en serio su trabajo pero no se toma demasiado en serio a sí mismo.
“Éste es un oficio de hacer el tonto, así que no te pongas serio, tío”, resume el cómico catalán.

Esta entrevista a Andreu Buenafuente se produce del único modo en que se pueden producir las entrevistas en este tiempo que nos ha tocado vivir: por Zoom. Son las 12 de la mañana de un viernes festivo en Madrid (el único día de la semana que dispone de tiempo para atendernos, ya que no graba programa) y al otro lado de la videoconferencia nos encontramos a un Andreu relajado, dicharachero y simpático. Viste una camiseta de Regreso al futuro y de forma inconsciente recordamos un meme que se ha hecho muy popular en las redes: “Marty, pase lo que pase, nunca viajes a 2020”.

Andreu nos recibe en la misma habitación de su vivienda desde la que emite su Late Motiv confinado, por lo que más que tener la sensación de habernos metido en su casa nos da la impresión de habernos colado en su programa; o las dos cosas a la vez. Precisamente de su programa y de su vida trata el libro por el que estamos haciendo esta entrevista a Andreu Buenafuente, así que imaginamos que no se podría haber escogido un decorado mejor.

Reír es la única salida (edita Harper Collins) es un compendio de diarios, escritos entre 2016 y 2018, en los que el presentador y showman cuenta los avatares de realizar un programa diario de televisión y la forma en que la cotidianidad se filtra entre sus pliegues. Ilustrados por el propio Buenafuente, en ellos el cómico da rienda suelta a sus emociones, opiniones o temores; pero, sobre todo, a sus reflexiones sobre el oficio de entretener y divertir.

A sus 55 años, el de Reus está en su mejor momento y lo sabe. Ha decidido abrir puertas y ventanas y dejar que todo el mundo se acerque a mirar, hacer que la vida sea el mejor material para la comedia. No hay trampa ni cartón, y el público lo reconoce y lo aprecia. Si reír es la única salida, riamos pues.

GQ: Me gustaría empezar esta entrevista un poco a calzón quitado, que creo que es como haces tú las cosas últimamente además…
AB: Sí, sí [ríe traviesamente].

GQ: No es la primera vez que te entrevisto, pero creo que la última vez que lo hice no te admiraba tanto. Comentas en tu libro que entrevistar a alguien a quien admiras genera una presión y una energía especiales…
AB: Joder, muchas gracias, hombre… Sí, no sé… Yo creo que esto nos está pasando por la situación actual. Es algo que ya viene de los últimos años, pero se ha recrudecido mucho. El otro día se lo contaba a una persona del equipo, la ayudante de dirección, le decía que en esta época los programas enseñan exactamente cómo somos los presentadores, y eso que parece una tontería (que a lo mejor lo es, ¿eh?), me parece intuir que es verdad.
Porque en la situación normal del confort, de la impostura, de tener medios para trabajar, todo es luz y color y tal, y ahora están saliendo mucho las personas, para lo bueno y para lo malo, porque también hacemos tonterías muchas veces, pero yo estoy notando un poco eso, estoy haciendo una radiografía renovada de todo lo que veo y hay cosas que veo y no me gustan, por cierto, y otras que sí. En radio también pasa, la comunicación se ha vuelto muy sincera, para lo bueno y para lo malo.

GQ: Leyendo el libro da la impresión de que es un diario de un mundo que ya no existe. ¿Tienes tú también esa impresión?
AB: Ostras, no, no, no… A ver… A mí me gusta pensar que esto no es el fin del mundo. Yo he descubierto también estos días, Héctor, que soy un optimista, que ya lo sabía, pero lo soy más, a veces a mi pesar, porque me digo ¿eres optimista o eres tonto, Andreu?, ¿tú no estás viendo la que cae?, pero joder, pongo en valor cosas como la potencia humana de la solidaridad, la mayoría de la gente es buena, y la ves salir de esto, cómo se apoya, ver a los sanitarios… eso es la hostia.
Luego todo lo malo… pues sí, la amenaza, esa energía, pero vamos a salir y tampoco creo que el mundo haya terminado, nos costará un poco más, pero volveremos a los protocolos de antes, habiendo aprendido lo que hemos aprendido, que ésa es otra historia.

GQ: Estamos viendo que en la situación actual se han abierto muchos nuevos canales que son casi las únicas herramientas de comunicación que tienen los cómicos con su público. Imagino que los más jóvenes, por un tema generacional, los dominan mejor. ¿Crees que va a salir una nueva generación de cómicos jóvenes de esta pandemia?
AB: No sé, podría ser, podría ser, no lo había pensado. Hombre, yo detectaba hace ya tiempo que realmente hay unos jóvenes, no tan jóvenes por cierto, que están en sus veintilargos y treintas y que ya están muy preparados y muy formados. Alguien como quien te habla, que lleva ya 30 años en esto, te puede decir que mucho tiempo atrás no lo notaba.
Yo creo que ya tenemos una generación muy buen formada y que seguramente todo este tramo tan jodido le va a servir para madurar, para explorar, para tener una voz más curtida. Puede ser que eso suceda. Lo tecnológico, pues ahora mismo es una herramienta, no creo que determine el lenguaje.

GQ: Dices también en tu libro, cito textualmente: “Hacer proyectos honestos es algo que le debemos a nuestros hijos”. ¿Te ha cambiado el modo de hacer comedia o televisión o radio el hecho de ser padre?
AB: Sí, un poco sí. A ver, no demasiado, porque eso sería como muy impostado por mi parte, pero sí que ha cambiado muchas más cosas de las que yo incluso percibo. Se lo comentaba antes a una amiga. Yo primero fui un tipo muy divertido, muy loco, muy anárquico, muy infantil; luego fui un tipo preocupado, la crisis me dio una hostia…, me zarandeó y me volví un preocupao; luego cuando llegó mi hija me di cuenta de que lo que yo consideraba tan grave no lo era. Así que he ido sacando un poco la media de la vida, y ahora mismo pues sí, y más en su edad, que ya se queda con todo.
Hay días que estoy haciendo el programa aquí mismo como te hablo a ti y ella está aquí sentada al lado. Vale, no entiende todo, pero… Me gustaría dejarle como herencia emocional la de un tipo que más o menos fue honesto, que lo intentó y que hizo algo que le salía de dentro, y que se rodeó de buena gente… En fin, cuatro cositas, tampoco quiero ser yo su referente vital que le marque… Ella tiene que hacer su vida, pero los hijos son un buen elemento, un buen espejo, aunque no lo parezca, para ver cómo eres, qué le vas a dejar a esa persona.

GQ: También citas a Chicho Ibáñez Serrador en el libro: “Haz que el público sienta lo que tú sientes”. ¿Te has preguntado qué te gustaría que sienta la gente que lea este libro?
AB: Buah, me gustaría que sintieran… No tengo grandes pretensiones, porque cada vez me gusta menos obligar a sentir, a influir, ¿sabes? Con los años he aprendido que eso no está bien, tú tienes que hacer lo tuyo, enseñarlo, y luego que cada uno haga lo que quiera. Yo soy muy anti gurús, anti líderes de opinión, de ‘por favor, es usted tonto, hágame caso que yo siento cosas y…’.
Pero si quitas todo eso, a lo mejor me parece que me gustaría que vean alguien que ama su oficio, que lo valora mucho, que lo respeta mucho y que efectivamente a lo mejor les quede esa sensación al acabarlo de leer. Me quedó un poco serio, pero yo sabía que estaba quedando serio mientras escribía los diarios.
Más que serio es que es natural, tampoco era normal que me pusiera a hacer chistes a las doce de la noche después de llevar todo el día haciendo chistes. Es la crónica de mi vida y ojalá digan ‘pues mira, hostia, el tío tenía una vida bastante entregada a eso, se lo tomaba en serio’. Creo que se lo debo un poco al oficio también, yo soy muy agradecido, muy agradecido, e intento en la vida serlo, y a mí esto me lo ha dado todo, tío, mi vida, mi estabilidad profesional, económica… Qué menos que darle algo de sinceridad.

GQ: De hecho me da la impresión de que tanto ahora en este libro, por supuesto, como antes en la televisión o en tu programa de radio, Nadie sabe nada, estás en una especie de constante striptease emocional, vital e incluso físico alguna vez. ¿De dónde sale esta necesidad de desnudarte tanto delante de tu público?
AB: Sí, sí… Esto no sé cómo respondértelo, tendría que poner a un psicólogo aquí a mi lado y que te diga. Es como una evolución de mi personalidad artística. Yo al principio era muy tímido, en el fondo yo soy un poco tímido, me ves por la valle y si puedo voy tirando… Me gusta más observar que que me observen; pero luego, como digo yo, sale el cable pelado cuando actúo, se me pela el cable y ese tipo discreto que no quiere influir y tal es un exhibicionista, ¿no?, y al final construyes tu lenguaje así. Yo qué sé chico, a lo mejor es también la madurez, que dices…
Me decía Berto el otro día, ‘joder, estás más payaso que nunca’, y a mí me hacía gracia eso, me pareció un elogio, me dije ‘pues mola tío, mola que con 55 años de repente enseñes tu uña en un programa o le estornudes a tu compañero’… Eso es amor al oficio, porque puede pasar, y a más de un cómico le ha pasado y a actores también, que te creas un personaje y entonces pienses… ‘yo no debo hacer esto, porque qué se dirá de mí y tal’.
A mí me gustan los desinhibidos, los que dicen burradas y entienden el oficio, que éste es un oficio de hacer el tonto, entonces no te pongas serio tío, y seguramente me lo he repetido tanto que al final estáis viendo esta expresión de mí, no sé.

GQ: Recuerdo haber oído a Javier Cansado hablar del fracaso como una de las bellas artes. ¿Estas haciendo del error, de la equivocación, una de las bellas artes también?
AB: Hombre…, por favor, por favor. Me gusta mucho que lo menciones, porque anoche mismo estábamos haciendo un concurso horrible y salió la frase ‘vamos a la comedia a través del error’. Sí, sí, es maravilloso, equivocarte, exponer tus debilidades. Yo le digo a la gente ‘es que no sé entender las mecánicas, no las sé entender’, y entonces eso te relaja mucho, porque de repente dejas de marcarte la obligación de…
Yo por ejemplo digo una cosa, Héctor, que no he conseguido que cuaje bien en el equipo, que en el programa cuando falla algo no pasa nada. Y entonces esto no lo entienden los equipos, y a lo mejor está bien que no lo entiendan, porque a lo mejor es como ‘qué me estás diciendo Andreu’. Que no ha venido el invitado… pues llamemos a mi madre, siempre pongo ese ejemplo, y esto relaja mucho hasta cierto punto, pero nos recuerda una frase que tiene Berto muy buena, que es ‘nunca pasa nada y si pasa, qué pasa’, ¿sabes? Y eso te da una naturalidad y te vacuna contra lo teóricamente grave. ‘Uy qué grave lo que ha pasado…’. Qué ha pasado de grave. Que el invitado ha venido borracho.
Me acuerdo una vez que vino una invitada que había bebido y estaba todo el mundo muy nervioso. Y yo dije, a ver, si te pones tú nervioso también esto se va a la mierda, así que subí a su camerino y le pregunté ‘como estás’, y ella me dijo bien [con voz de borracho]. Le dije ‘bueno, ¿puedes mantener una conversación?’, y entonces a la tipa le entró la dignidad, la dignidad del que ha bebido, ¿sabes?, ‘claro que puedo’. Y eso fue como un reactivo y estuvo bien en el programa. Y no sé por qué te cuento esto…, como ejemplo de que nada es grave, si no hubiera podido hablar pues la metemos en un taxi para el hotel y yo digo en el programa, señores, esta señora ha bebido.

GQ: Tratas muchos temas en el libro pero hay uno que casi no aparece que es el de las audiencias. ¿Has conseguido liberarte de las audiencias hasta ese punto?
AB: No del todo, pero me gusta mucho que lo destaques porque nadie lo hace, y yo en toda mi carrera, si tú revisas todos los vídeos, cosa que no te deseo, nunca verás una mención a la audiencia, ni cuando iba muy bien, ni cuando iba muy mal, ni cuando iba relativamente mal. Siempre quise extirpar ese parámetro de nuestro lenguaje.
No puedes hacerlo del trabajo, porque cuando no tienes audiencia pues te piras, me acuerdo que cuando tuvimos un semanal que no funcionó, nos echaron, normal. Pero me resisto, es como una lucha personal de que no esté en nuestro lenguaje, y lo he mantenido, creo que ya me jubilaré con esto. Hombre, a veces hago excepciones, en radio me sucede que…
Más que nada, el consumo del programa de radio ahora es espectacular, es el podcast de humor más escuchado en español, tiene 7 millones de descargas, y ahí salió el Andreu más agradecido, y dije vale, audiencias no, pero… Y recuerdo que se lo dije a Berto, y Berto es como yo en este sentido, y me dijo ‘yo no estoy muy cómodo restregándole a la gente cuánta audiencia tenemos’, ¡y no lo hemos dicho! ¿Te puedes creer…? Pero bueno, está bien que sea así, a mí me pagan por entretener, no por vanagloriarme.

GQ: Hablas mucho en el libro de que en el fondo vuestra esencia es arriesgar e ir hacia delante siempre. Citas a Terry Gilliam cuando habla de la mentalidad de los estudios de Hollywood de tratar al público como si fuera imbécil. Pero ¿dónde pones el listón cuando haces comedia? Porque en algún sitio hay que ponerlo…
AB: Sí, sí, hay que ponerlo, hay listones… Ahora me hace mucha gracia lo del debate de los límites del humor. Nosotros como profesionales siempre hemos manejado unos límites. Lo que no queremos es que nos los pongan. Porque ya nos los ponemos nosotros. Pero eso te lo dicta el sentido común. Y cada uno con su estilo. Tú ya manejas un tablero donde vas moviendo tus piezas de la comedia, y hay cosas que están fuera del tablero, yo qué sé, el dolor, el dolor ajeno, ahí no hay comedia, y cada uno con su estilo.
Yo por ejemplo últimamente estoy muy desencantado con la política, creo que como muchos ciudadanos, y no la quiero incorporar demasiado a la nómina de la comedia, no se lo merece, la política debe ser juzgada por especialistas, por técnicos, por buenos periodistas, hay política tan insultante que darle comedia incluso la humaniza. Bueno, pues cada época la vas leyendo y vas colocando tu GPS, que al final es por donde te manejas, con tus guionistas, claro.

GQ: Hay una frase que citas de una seguidora tuya que dice que las desgracias vienen solas pero las alegrías hay que buscarlas.
AB: Ay, sí, maravillosa.

GQ: ¿Dónde busca Andreu las alegrías?
AB: Pues mira, esta frase que me la dijo una señora de 90 años y al final dije, joder, me he convertido en una especie de mayorista del humor, porque eso me gusta matizarlo, yo no es que sea un ser escogido que todo lo que toca lo convierte en humor, yo me dedico a buscarlo también, de hecho es casi lo que me gusta más.
Entonces no lo sé, es parte de mi oficio, yo a la que veo algo divertido pienso ‘vamos a compartirlo con la gente, vamos a convertirlo en programa, a lo mejor tiene un programa propio’, pim pam, toda la vida he hecho esto. Estoy entrenado para eso, y me equivoco muchas veces, y digo aquí no hay comedia y luego la hay, pero es muy bonito, al final es el corazón de mi trabajo, buscar algo que te pueda divertir un rato a ti. Es un regalo.

GQ: Dices también en el libro: “Nuestro papel en la comedia es no amedrentarnos, porque un cómico con miedo es medio cómico”. ¿Alguna vez te has tenido que autocensurar?
AB: Sí, sí, sí, sí, absolutamente, porque como te decía tú tienes tu GPS, tus filtros. A veces el Buenafuente que tú ves no es exactamente el Andreu, el Andreu va nutriendo y luego este Buenafuente, que es el payaso, más o menos articula el discurso, y sabe que a veces lo que viene de la cabecita de Andreu le lleva directamente al precipicio.
Pero también es una clave del oficio, buscar una expresión que llegue al máximo número de personas. Aunque, en fin, sí, hay que censurar, claro, cuando es una opinión personal, a veces dura e incluso triste, dices ‘esto no lo voy a pasar a comedia’. Buenafuente pasa a limpio la cabeza desordenada de Andreu. Eso sería un poco la movida bipolar ésta.

GQ: Por último, hablas en el libro de la perspectiva de envejecer y de que no te gusta mucho pensar cuántos años buenos de comedia te quedan todavía. De momento, ahí sigues al pie del cañón con 55 años. ¿Uno se puede volver un poco yonqui del aplauso y de la risa?
AB: Mira, el otro día lo pensaba. Está por ver, está por ver. No sé si yonqui o que te puedas sentir un poco amputado emocionalmente. Cuando llevas 30 años con esto, con el feedback constante, realmente cuando no lo tienes entonces debes empezar a explorar otros campos. Yo por suerte no lo he necesitado durante largos recorridos.
El otro día pensaba, ‘vale, un día lo dejarás y descansarás un tiempo para preparar algo nuevo. ¿Qué pasará?’ Y cambié de tema [risas]. O sea que ya te lo diré, no quiero pensar demasiado en esa realidad porque seguramente me faltará algo. Por ejemplo, ahora estaba pensando, ‘joder, haces radio desde el 92’, y disfruto como el primer día, entonces más que yonqui es que me completa y si no lo tengo estoy un poco incompleto. Siempre creo que encontraré una manera de contar mis mierdas. Al final a lo mejor tendrá que ser a través de una radio local, pero ahí seguiré.

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