1.2.2026.- María Varela escribe en diariodepontevedra.es: Julia Varela (Pontevedra, 1981) presenta su segunda novela, ‘Todo por hacer’, el próximo martes en Cronopios junto a la también escritora Ledicia Costas. Un libro sobre el duelo, el peso de las ausencias y la fragilidad de la vida, pero también sobre lo que elegimos callar.
Todo por hacer es la historia de un duelo. Escribir este libro, ¿le ha ayudado a atravesar su duelo tras la muerte de su madre? ¿Qué ha querido contar con la historia de Blanca y Tina?
Mi experiencia vital con la muerte prematura de mi madre -ella fallece a los 65 cuando yo tengo 40 años- sí me ha servido o de alguna manera la he utilizado en este libro. Al principio del duelo no podía ponerme a escribir, pero cuando empecé a digerirlo y a ver las cosas con perspectiva me di cuenta de que a lo mejor podía hacer algo bonito con toda esa fase que es muy oscura, muy de penumbra. Pensé, ¿que voy a hacer con tanto dolor? Con el fallecimiento de mi madre me di cuenta de que, en general, hoy en día vivimos como si no nos fuéramos a morir nunca y hay esa tendencia a mostrar solamente la parte feliz, perfecta, ese escaparate que son las redes sociales. El tema de la muerte, el duelo, lo vivimos como si no fuera a pasar, lo metemos debajo de la alfombra. Incluso con nuestros hijos. No está muy claro cómo debemos hablarles de la muerte. Yo también me di cuenta de que me faltaban herramientas para gestionarlo. Fue un golpe duro y dije… pues a ver si puedo construir una ficción y poner algo de luz.
Es lo que le iba a decir, habla de sombras y lo que hace en el libro es arrojar luz sobre un tema como la muerte de un ser querido.
Sí, porque al final, aunque en esos momentos de la vida parece que nada va a volver a ser igual, con el paso del tiempo se consigue no superar, pero sí transformar ese duelo en otra cosa, e incorporarte a la vida ya conviviendo con la ausencia. Es como un volver a vivir, pero más consciente de las cosas pequeñas, del día a día.
En su caso, poco tiempo después del fallecimiento de su madre le diagnostican un cáncer de mama, la enfermedad que sufrió ella.
Sí, justo dos años después me diagnostican cáncer de mama, lo que pasa que lo pillaron muy a tiempo. Tuve mi tratamiento y lo tengo todavía. Por un lado, la enfermedad es otra de las cosas que nos hace sentir lo frágiles que somos. Pasa como con el duelo, de repente te das cuenta de que la vida va de esto y de lo débiles que somos. Asumir esa fragilidad es otra de las cosas que me obsesionaba a la hora de escribir. Por otro lado, al ser la misma enfermedad de la que murió mi madre, paradójicamente me ayudó a acercarme a ella. A ponerme en su lugar y saber lo que había pasado. La historia insiste mucho en asumir que somos frágiles. Que en un instante puede cambiar todo. De aquellas me leí el libro de Joan Didion El año del pensamiento mágico y ella hablaba mucho de ese instante cotidiano en el que alguien se va. Puede ser un día que ocurre un accidente, como en Adamuz, o que se pare el corazón de una persona, pero es un instante muy normal.
Blanca, la protagonista de su libro, se siente culpable, perdida… y no entiende por qué la vida sigue adelante si para ella se ha parado. ¿Qué tiene Blanca de Julia?
Tienen muchas cosas de Julia todos los personajes. Ando muy diseminada por ahí. Pero no solamente mías. La ‘prota’ tiene muchas cosas de cualquiera de nosotras. Una mujer contemporánea a partir de los 40 se puede sentir reflejada en esa protagonista, para mí era importante eso, trasladar la forma que tenemos hoy de vivir, era importante que el lector y la lectora se sientan identificados. En su manera de vivir el día a día, de trabajar, de pensar y de enfrentarse al duelo… Hay bastante de mí pero también hay bastante de mí en otros personajes. Uno de los grandes ‘protas’ de la novela es la familia en general. Me indigno cuando escucho eso de que el concepto de familia ha muerto. Y hablo de la familia en toda su diversidad. Es un núcleo importante que debemos cuidar sea el tipo de familia que sea. Creo que si los padres no hablan a sus hijos eso se extrapola a toda la sociedad y al final algo no va bien.
Y también escribe sobre la relación entre la protagonista y su madre, su hijo… Habla de amor.
Hablo mucho del amor en general: del amor sentimental hacia una pareja, o del amor entre madres hijas, hijas y padres… Pero también hablo de lo que callamos, a veces por amor, por protección y otras veces porque no lo queremos contar. De repente cuando fallece una persona, sus descendientes a través de objetos, de unas cartas… redescubren en cierto modo quién era esa madre o ese padre. Es bastante habitual y creo que hay que respetar esos silencios que no nos quisieron contar.
Ese el misterio que cuenta la historia. En todas las familias hay sorpresas y universos desconocidos, en el caso de las mujeres muchas veces por supervivencia.
Sí. Muchas veces los condicionantes sociales de la mujer en otra época no permitían esa revelación de secretos, pero creo que incluso a veces ellas no querían contarlo porque formaba parte de una privacidad, de esa mujer que era ajena a ser madre, por ejemplo. Creo que hay algo muy bonito en esto y muy auténtico.
Las flores están muy presentes en la historia, como un vínculo entre la madre y la hija.
Y como una manera de conectar con los que ya no están. A raíz de mi propio duelo me di cuenta de que cuando alguien no está esas cosas materiales son huellas que nos dejan: su ropa, su aroma, sus joyas… Ahí encontré una estela para conectar con ella de otra manera. Cuando pasa el duelo todos esos objetos son importantes. Con las flores pasaba lo mismo. La retama amarilla, la xesta, es una flor de mi niñez. Cuando iba con mi madre de viaje a veces paraba el coche y arrancaba algunas para adornar la casa… Es una flor silvestre que me gusta mucho, que me identifica mucho con Galicia, mi tierra. Ese ritual de elegir las flores para llevar al cementerio es importante. No debemos despreciar las huellas que dejan.
Lleva diez años siendo la voz de Eurovisión y se ha confesado fan del festival. Este año España no participa. ¿Cómo lo vive?
Cierto, no va a haber Eurovisión en esta edición, como anunció RTVE. Creo que esa es una decisión coherente que ya tenía la cadena donde trabajo por el conflicto por la participación de Israel. Por un lado, es una postura coherente, pero por otro lado, a mí, como comentarista del festival desde hace diez años y como amante del festival, me da mucha pena que no participemos como a muchos eurofans. Además, este año que se cumplen setenta años del festival. Pero bueno, volveremos a participar en Eurovisión, seguro, y me encantará seguir comentando el festival. Y ganaremos algún día de nuevo. Volveremos a ganar.
¿Qué otros proyectos tiene entre manos?
Empiezo a trabajar en un programa cultural nuevo, en su mayoría de producción propia. Es un programa diario que se emitirá en la 2 de RTVE, un magazine cultural y de bienestar. Un programa en el que vamos a hablar de cultura, conocimiento y bienestar. Tiene un nombre muy chulo que es ‘Sukha’, que en sánscrito significa bienestar y felicidad. Nos sirve para jugar en el programa y para hablar de cultura, algo que es tan necesario en la tele pública. Ahí estaré haciendo mis reportajes, directos… Empieza el 16 de febrero. Son 50 minutos al día y el horario será de 19.30 a 20.20 horas. Tiene que rodar, como todo, pero creo que va a ser un programa chulo. La intención es buena, además al frente está Miguel Ángel Hoyos, que es un gran profesional, va a tener colaboradores muy interesantes…
Ha dicho en alguna entrevista que a lo largo de la carrera se ha sufrido edadismo y machismo también.
El edadismo me pasó cuando era más jovencita y me ningunearon bastante por mi edad. Fíjate que el machismo creo que lo tenemos tan incorporado a nuestro día a día que a veces no he sabido discernir si esto podía provenir de ahí o de otra cosa. Creo que en esta profesión todavía hoy hay momentos en los que pasan cosas que te das cuenta que no responden a criterios profesionales. Vas lidiando con ello y lo vamos denunciando más.
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