Juzgan a cuatro becarios en Vigo por «hackear» la página de Facebook de Vía Radio

Juzgado de Vigo

Cuatro jóvenes, acusados de ser unos «hackers», han comparecido esta mañana (30/11) en un juicio para responder por un delito de daños causados por una intrusión informática a la radio por Internet para la que colaboraban en el 2015 y 2016. En el juicio, una acusada culpó a otro empleado de usar su perfil para perjudicar a la empresa. Los datos los aporta La Voz de Galicia.

La Fiscalía les acusa de, supuestamente, hacer una intromisión ilícita y boicotear la web de Facebook en una empresa Vía Radio, en la que trabajaban sin cobrar como colaboradores o becarios.

Esta radio se queja del gran perjuicio que sufrió su red social por la pérdida de seguidores, que pasó de 13.000 a 6.000, y se quedó sin la página real al ser borrada y ahora tiene que usar el nuevo nombre de Vía Radio ha vuelto. También se siente perjudicada por las modificaciones que sus técnicos tuvieron que hacer para arreglar la web pirateada, que fue manipulada y sufrió una simulación. Valora el perjuicio al Sistema de Televisión Gallega y Vía Radio en 40.000 euros. Añade que los implicados añadieron contenido vejatorio e injurioso.

El juicio ha arrancado esta mañana en el juzgado de lo penal número 3 de Vigo aunque su inicio se demoró por un gran debate entre seis abogados en la fase de cuestiones pruebas porque la mayoría presentaron nuevas pruebas de capturas de pantalla que las partes impugnaron entre sí por generar indefensión o ser extemporánea.

La principal acusada, la estudiante Raquel O.P., que entonces solo tenía educación secundaria sin conocimientos de informática, negó su implicación en los hechos. Culpa a un amigo despechado. Contó que trabajó en la emisora de Vigo como colaboradora durante dos meses del 2015 para hacer cuñas de publicidad y en un programa nocturno sin cobrar. No tenía claves de acceso para editar o publicar en la emisora. Allí hizo pruebas de voz y coincidió con otro implicado, Daniel V., que acababa de ser fichado. Ella también conocía a otro trabajador, Pablo C., que era DJ en una discoteca. Entre ellos hablaban de las condiciones laborales de dicha firma porque «allí no contrataban a nadie».

La implicada admitió que con otros dos acusados, en febrero del 2016, idearon un proyecto propio llamado Follow y lo ilustraron con un vídeo que publicitaron en la red. Cree que cualquiera pudo coger esos datos sobre la relación laboral de los empleados y usarlos para difamar a la empresa, así como descargar el proyecto colgado en Internet.

En concreto, la acusada sospecha que uno de los trabajadores, Pablo C., que era fijo en la radio y uno de los pocos que tenía acceso de administrador para modificar la página de Facebook de la radio. Ella rechazó a Pablo para formar parte de su proyecto Follow y cree que él, en represalia, está detrás de la manipulación de la web de la radio. «No tengo pruebas de que haya sido él pero en su día yo estaba muy enfadada y lo acusé. Pienso que él creó un perfil falso de mí en Facebook para hacer publicaciones en la página de la radio. Pensé en él porque como profesional como DJ era una práctica habitual que crease perfiles falsos o invitados para simular seguidores y hacer spam para promocionar sus eventos. Pudo actuar así porque lo rechazamos en nuestro proyecto. Quiso aparentar que eran publicaciones mías. Le acusé de piratear mi cuenta y de escribir en mi nombre, ese perfil falso no tenía nada que ver conmigo», dijo la acusada en el juicio.

Por su parte, Daniel V., también se declaró inocente. Trabajaba durante los fines de semana, contratado por una hora diaria, como locutor y editor de Facebook de esa radio desde el 2015 y coincidía en la emisora con Raquel, novia de otro empleado. «No era un trabajo propiamente dicho, allí estaban mis amigos», dijo en el juicio.

Insistió en que él no tenía acceso para hacer cambios en la web, solo para publicar. Una vez hizo la fusión de las dos páginas de la radio. Admite que solo una vez pudo conocer la contraseña para realizar modificaciones porque un día hizo una gestión con un jefe que la sabía. Recordó que Pablo C. era de los pocos que tenían la clave y «nadie se la daba a otros». El día del ataque en el que hubo una intromisión ilegítima en la página y se cambiaron las claves, se quedó sorprendido, llamó a Raquel porque salía su nombre y «ella me dijo que no sabía nada». Él también formaba parte del proyecto Follow. «Si publicitas Follow no puedes estar difamando a la otra empresa», alega.

El empleado Pablo C. declaró como testigo y sospechó de Daniel porque tenía acceso a las claves de la web por ser administrador. Dijo que los piratas informáticos que atacaron la web de la radio borraron muchos contenidos «y trabajo que había mucho tiempo costado hacer». Se sintió especialmente perjudicado por el ataque ya que perdieron la mitad de los seguidores, sufrieron difamaciones y dañó su prestigio como Dj profesional ante los dueños de discotecas de toda Galicia.

Al inicio de la vista, en las cuestiones previas, una abogada aportó pantallazos para denunciar que alguien había usado un perfil falso de Facebook de la acusada para crear anuncios con ofertas de servicios de prostitución, lo que probaba que estaban invadiendo su intimidad. Sospecha que pudieron ser trabajadores de dicha radio. La Fiscalía se opuso a esa prueba documental por no tener relación con el caso y son hechos posteriores pero la jueza la admitió.

Por su parte, la acusación particular presentó como nueva prueba documental una serie de pantallazos y correos de Facebook para probar el número de usuarios antes de que la página fuese «hackeada». Dicen que tienen perfiles de los implicados en los que interactuaban entre ellos y preparaban y anunciaban el ataque en los días previos desde una cuenta electrónica y a través de un proyecto llamado Follow en el juicio que publicitaban otro negocio de una acusada.

Los abogados de los implicados se opusieron a admitir esa prueba porque consideraron un hecho «insólito» que la acusación entregase una montaña de pantallazos a última hora y que podían haber sido manipulados. Para admitirlos, deberían haber ido respaldados por una valoración pericial.

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