Iñaki Gabilondo (SER) «He hecho esfuerzos por adaptarme a la modernidad, pero a ‘todes’ no llego»



Iñaki Gabilondo

Arantza Furundarena le ha entrevistado para diariosur.es:
El silencio de Iñaki Gabilondo en su columna radiofónica diaria ha generado un eco que no se apaga. «Tenía la sensación de estar perdiendo el tiempo y eso a mis 78 años es un crimen», justifica. Pero no. Tampoco se jubila. Sigue con sus entrevistas, con la curiosidad intacta y con ganas de recuperar las cenas con amigos… «Es que soy muy de abrazar».

  • Pues nos hemos quedado sin un oráculo.
  • Je, je… No es eso. La batalla de los partidos ha llegado a ese punto de radicalización tan extraordinaria que cualquier observación estaba condenada a la inutilidad o al forofismo. Y a mí el forofismo no me va.
  • ¿Solo los partidos se han polarizado?
  • También se proyecta en los medios. La gente acude cada mañana al encuentro con su periódico o con su emisora como quien va a comulgar. No había forma de introducir matices. Era como meterse en un cuadrilátero. Todo está atrapado en esta especie de batallita del cortoplacismo, del tacticismo. Si no existen puntos en común, desaparece el sentido común.
  • Vamos, que ve muy negro el futuro.
  • Tampoco, porque todos los vaticinios sobre el futuro suelen fallar, incluso este.
  • ¿Le gustaría conocer su futuro personal?
  • No, porque sé cómo acaba la película. Me gustaría terminar bien, con dignidad, no haciendo muchas tonterías, siendo consecuente. Siempre me ha importado más ser que tener, estar en paz y aprender cada día. Me gustaría hacer un buen trabajo conmigo mismo en el tiempo que me quede. Me quiero morir con la curiosidad despierta.
  • Decía Marilyn que la fama da muy poco calorcito. ¿El prestigio?
  • Es muy difícil creerse el prestigio, porque percibes el afecto de mucha gente, pero también garrotazos que te ponen en el suelo.
  • Pertenece a una edad de riesgo. ¿Ha sentido miedo?
  • No. Tengo en general muy poco miedo y ya me han dado las dos vacunas. Digerí desde muy pequeño la fugacidad de las cosas y lo acepto con mucha serenidad. También ahora el hacerme mayor o salir fuera del eje. Estoy mucho más que gratificado. Me han dado muchos más honores y premios de los que merezco. Tengo el ego ultrasaturado.
  • ¿Se sigue viendo joven en el espejo?
  • En el espejo te parece que siempre eres el mismo. Pero yo ya tengo nietas en la universidad. El espejo te dirá lo que tú quieras, pero cuando vienen tus hijos a comer, llegan unos señores de 50 años, con toda la barba, je, je…
  • Siempre me ha parecido coqueto.
  • Lo soy. Pero tengo una coquetería razonable. Además, mi mujer no me consentiría que empezara a abandonarme.
  • Como hermano mayor de Ángel, ¿sufrió mucho el 4-M?
  • Sí, je, je, je… Claro. Como hermano mayor de Ángel sufrí bastante el 4-M. Aunque no me sorprendió mucho, la verdad. Pero él es un hombre de una gran integridad.
  • ¿No se metió demasiado en la trinchera?
  • Cuando entró en política ya dije que se metía en la boca del lobo. Y ahora las circunstancias le han atropellado. Iba para defensor del pueblo cuando le pasó ese trolebús por encima.
  • ¿Le gusta el lenguaje inclusivo o lo de ‘todes’ le supera?
  • Me supera. He hecho esfuerzos por adaptarme a la modernidad (fertilización in vitro, matrimonio homosexual…), pero a ‘todes’ no llego. Una dosis de inclusivismo está bien, pero los excesos me parecen ridículos.

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