‘Hora 25’ de Cadena SER rinde homenaje a Francisco Tomás y Valiente en el 30º aniversario de su asesinato

Francisco Tomás y Valiente

12.2.2026.- Con motivo del 30º aniversario del asesinato de Francisco Tomás y Valiente a manos de ETA, el programa ‘Hora 25‘ de la Cadena SER estrena ‘Tomás y Valiente: un cruel asesinato y miles de manos blancas‘. Este reportaje de Josema Jiménez cuenta con la narración de Aimar Bretos y rememora cómo fue el atentado con el que la banda terrorista acabó con la vida del ex presidente del Tribunal Constitucional.

‘Tomás y Valiente: un cruel asesinato y miles de manos blancas’ cuenta con la participación de Quico Tomás y Valiente, hijo del profesor; Baltasar Garzón, juez instructor del caso; Jan Martínez Ahrens, actual director de EL PAÍS y encargado de cubrir el crimen; Fernando Martínez, estudiante de tesis bajo la dirección de Tomás y Valiente; Manuel Aragón Reyes, decano de la Universidad Autónoma de Madrid en aquel momento; Juncal Infante, alumna de Derecho de la UAM; y Adrián González Lipiani, alumno de la UAM y promotor del movimiento de ‘manos blancas’. El reportaje ya está disponible en la web, la app y el canal de YouTube de la Cadena SER y en las principales plataformas de audio.

Sus compañeros de la UAM reconstruyen el asesinato: «Intenté reanimarle, tenía la camisa blanca teñida de sangre»
En 1996, Fernando Martínez estaba terminando su tesis bajo la dirección del profesor Tomás y Valiente. Sus despachos estaban muy cerca el uno del otro y su relación era muy estrecha. Fue la primera persona que llegó a socorrer a Valiente tras los disparos. 30 años después, entra junto a la Cadena SER al lugar en el que mataron al profesor: «No tiene ni tres por tres metros. Desde la puerta habrá metro y pico. La silla está ubicada en el mismo sitio y la mesa, quizás ha cambiado, pero prácticamente también está en el mismo sitio. Valiente estaba inclinado hacia atrás, hacia la estantería que tenía justo detrás. Oigo un ruido muy fuerte. Tal como entro en el despacho lo veo, me pongo detrás de Valiente y le tomo el pulso. Intento reanimarle, lo apoyo en mi pecho, pero me doy cuenta de que no hay nada que hacer porque la camisa blanca se me tiñe de sangre. Salgo del despacho gritando: ¡asesinos!».

Por aquel entonces, el decano de la facultad era el catedrático de Derecho Constitucional y magistrado del Tribunal Constitucional Manuel Aragón Reyes. Estaba en su despacho y también lo oyó todo: «Oí como unos petardos, pensé que eran unos petardos. Me quedé extrañado. Entré en el despacho de mi secretaria y pregunté qué había pasado. Me dijo que iba gente corriendo por el pasillo. Salí inmediatamente al pasillo, que conducía al despacho de Tomás y Valiente. Corrí y cuando llegué me encontré con lo que me encontré».

En ese momento, en un seminario muy cercano se estaba desarrollando un examen de Derecho Penal. Juncal Infante era una de las alumnas que tenía ese examen aquella mañana: «Me dan mi examen, empiezo a leerlo y, según voy leyendo, estaba ya casi al final, en medio de una frase oigo tres golpes que, para mí, fueron como cuando se cae una carpeta plana completamente en el suelo: pa, pa, pa. Paro, miro a los profesores, leo una frase más y, de repente, alguien abre la puerta, entra y dice ‘hay un tío fuera con una pistola’. Llamo desde la facultad, digo ‘acaban de disparar a Tomás y Valiente…’ y me responden que alguien estuviera allí para recibir a la ambulancia».

Uno de los primeros periodistas que llegó al lugar de los hechos fue Jan Martínez Ahrens. El actual director de El País por aquellos tiempos llevaba la cartera de sucesos de Madrid en el periódico. Cuando recibió el soplo de una de sus fuentes, no dudó en coger su coche y arrancar para la facultad: «Un policía, que era una fuente mía muy buena, me dijo que había habido un tiroteo en la Autónoma, que alguien había entrado en los despachos y estaba disparando a los profesores. Como siempre pasa en los sucesos, los primeros datos son muy confusos, pero luego cuando llegué me di cuenta de que se trataba de Francisco Tomás y Valiente».

Quico, hijo de Tomás y Valiente: «Mi madre estaba en la calle y no queríamos que se enterase sola»
Quico Tomás y Valiente es uno de los cuatro hijos que el profesor tuvo con su mujer, Carmen Lanuza. Cuando ETA asesinó a su padre tenía 27 años. Él se enteró de la noticia mientras desempeñaba su trabajo en la Agencia EFE. En la primera persona que pensó fue en su madre: «Mi madre estaba en la calle. No queríamos que se enterase en la calle o sola. Coincidió que venía con que yo ya estaba en casa y entonces… Ella enseguida se dio cuenta. Había muchos periodistas y lo primero que me dijo fue ‘¿han matado a papá?’». «En el funeral de Broseta, asesinado también por ETA, mi padre les dijo a los hijos que le recordaran de una manera alegre. Lo suyo es no recordar a las personas que han sido asesinadas como víctimas, sino por lo que eran antes de ser víctimas«, añade.

El modo de operar de los terroristas hacía pensar que conocían a la perfección los pasos del profesor, que carecía de escolta. El autor de los disparos fue el pistolero de ETA Jon Bienzobas, alias Karaka. El juez instructor del caso fue Baltasar Garzón: «Bienzobas era un miembro del Comando Madrid, unos 25 años debía de tener en aquella época, y se había hecho pasar por alumno. Había desarrollado toda una serie de vigilancias para concretar la víctima, su modus vivendi, sus horarios, qué hacía, todo para asegurar su ejecución». Garzón también reivindica la importancia de la memoria en este tipo de sucesos: «Que lo recordemos es importante, porque eso implica que no olvidamos».

Aunque el movimiento ‘manos blancas’ fue una respuesta colectiva, el autor de la idea fue Adrián González Lipiani: «Yo nunca pensé que iba a tener la trascendencia tan importante que iba a tener ese gesto«. Adrián tenía 23 años cuando asesinaron al profesor. Estudiaba cuarto de Derecho y ya había usado la expresión ‘Basta ya’ para protestar contra ETA en la Facultad: «Cuando mataron a Múgica, yo puse un cartel enorme en medio del hall de la universidad, todo de negro, y solo se veía más pequeño unas palabras que eran ‘basta ya’. Yo no me arrogo nada de basta ya ni nada, simplemente yo lo puse porque sentía que lo tenía que poner y ya está».

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