Eduardo Hurtado: «Así es como viví Radio La Isla: cuando la radio se hacía con pasión… y con muchos metros de cable»

Eduardo Hurtado

21.9.2026.- Emilio Hurtado escribe en andaluciainformacion.es: Un viaje por los primeros años de Radio La Isla, cuando la pasión, el ingenio y la cercanía suplían la falta de medios para contar, desde la calle, el día a día de San Fernando.

Cuando pienso en mis años en la radio, siempre vuelvo a Radio La Isla. Viví allí algunos de los momentos más intensos de mi vida y me di cuenta de que la radio era mucho más que un micrófono: era una forma de comunicar y de vivir el momento con los demás.

Hay algo que siempre quiero dejar claro: nunca fui un profesional de la radio. Nunca estudié para ello. Siempre me he considerado un entusiasta, un amante de este medio y, en gran medida, un autodidacta. Aprendí escuchando mucha radio, observando y leyendo a quienes sabían más que yo y, sobre todo, estando en la radio todos los días. Esa pasión fue, probablemente, la mejor escuela.

Antes de unirme a Radio La Isla, había colaborado en Radio Cádiz, en Los 40 Principales y también como corresponsal en San Fernando. Más tarde encontré mi camino hacia Radio Chiclana, donde durante un año presenté un programa semanal. Allí participé en un maratón radiofónico de 24 horas en favor de UPACE que nunca olvidaré. Esa experiencia me mostró que la radio no servía solo para informar o entretener, sino también para movilizar la solidaridad de toda una comunidad.

Fue entonces cuando José Antonio Mallou, conociendo mi pasión por la radio, me invitó a unirme al emocionante proyecto de Radio La Isla. La emisora comenzó en un local muy pequeño de la calle Reyes Católicos, junto al entonces campo de fútbol Marqués de Varela. El proyecto técnico fue desarrollado por el ingeniero José María Martín. Eran tiempos de gran entusiasmo y pocos recursos, pero no faltaban las ganas.

Durante seis temporadas presenté Hablar por no Callar, todas las tardes, de seis a nueve, un programa abierto en el que tenían cabida la información, las entrevistas y el entretenimiento. El título del programa rememoraba una columna que el gran periodista y entrevistador Manuel del Arco escribía en los años cincuenta del pasado siglo y que llevaba precisamente ese mismo título. Aquella columna y, sobre todo, su particular manera de hacer entrevistas fueron una referencia y una inspiración para nuestro programa.

¡Ojalá se me hubiera pegado algo de aquel enorme entrevistador! Por nuestros micrófonos pasaron políticos, escritores —Rafael Duarte, Juan Mena, Enrique Montiel, entre otros— y protagonistas de la actualidad: alcaldes, concejales, conferenciantes, artistas, ecologistas… Manuel Prado y Juan Antonio Gutiérrez Espinosa de los Monteros nos hablaban cada semana de interesantes asuntos relacionados con la medicina. Manuel Canto nos abría la puerta al misterio. Paco Delgado, corresponsal del periódico El Caso, narraba los sucesos como un verdadero cuentacuentos, de una manera única.

Y luego había un segmento que los oyentes esperaban con gran cariño. Lo hacía mi hermano José María Hurtado, quien, aunque ya había escrito en periódicos, daba entonces el salto a la radio. Traía a la memoria a entrañables y pintorescos personajes de San Fernando: Pepe Mallé, El Gabrielo, el Sordo de los Globos y Botellas, el Sandalio y tantos otros que forman parte de la historia humana de La Isla y que fueron recordados gracias a él. Era una magnífica manera de preservar la memoria de una ciudad que siempre ha sido única.

Pero la premisa principal del programa estaba muy clara: la radio tenía que hacerse en la calle.

Si llegaban los Reyes Magos, Radio La Isla estaba allí. Si había una conferencia, una inauguración o cualquier acontecimiento importante, montábamos el equipo y transmitíamos desde el mismo lugar.

Hoy resulta difícil de imaginar, pero al principio ni siquiera teníamos teléfono en la emisora. Cuando llegó, encontramos en él una herramienta extraordinaria y las llamadas de los oyentes se convirtieron en una parte fundamental del programa.

El verano también tenía un sabor muy especial. Desde la playa de Camposoto transmitíamos en directo A la playa, que ya es hora. No importaba si soplaba viento de levante o de poniente. Allí montábamos nuestro estudio improvisado. Hacíamos concursos y repartíamos muchos regalos, pero había una condición esencial para participar: llegar con un transistor sintonizando Radio La Isla. Esa imagen de decenas de transistores sonando en la playa permanece todavía en mi memoria.

La tecnología de aquella época tenía poco que ver con la actual.

Recuerdo perfectamente el derrumbe de la fachada del Mesón del Duque. Quico Cuadrado informaba desde el Hospital San Carlos, mientras yo me encontraba en el lugar de los hechos, conectado a la unidad móvil mediante un cable de treinta o cuarenta metros. No había micrófonos inalámbricos y eso nos obligaba a ser muy cuidadosos para no perder la conexión ni enredarnos.

También recuerdo una cobertura curiosa con motivo de la llegada del Rey al Club de Oficiales de la Armada. Nuestro compañero Gaby Cumbreras logró transmitir la información desde una cabina telefónica situada justo enfrente del edificio. Aquellas cabinas eran verdaderos estudios improvisados. Podíamos contar las noticias prácticamente en directo con una simple llamada telefónica.

Y, si había una transmisión complicada, esa era una vuelta ciclista. Quico Cuadrado narraba la carrera mientras yo conducía mi Vespa junto al pelotón.

La experiencia terminó como cabía esperar: acabamos en el suelo. Afortunadamente, todo quedó en un susto y, una vez comprobamos que no había consecuencias, aquella caída se convirtió en una de las historias más recordadas entre nosotros. Supongo que Quico podrá contar esta y otras muchas anécdotas.

Especialmente emocionante fue la primera Semana Santa que transmitimos, en 1987. No disponíamos de los medios que existen ahora y fueron los radioaficionados quienes hicieron posibles aquellas conexiones con sus walkie-talkies. Gracias a ellos pudimos llevar las procesiones a muchos hogares isleños. Un año después conseguimos un micrófono inalámbrico y aquello fue casi como ciencia ficción para nosotros.

Otro momento inolvidable fue la inauguración de Bahía Sur. Como en tantos otros acontecimientos, Radio La Isla estuvo allí para contarlo desde el mismo lugar donde ocurría la noticia.

Con el paso de los años he llegado a pensar que, quizá, lo más importante no fueron las entrevistas, las transmisiones especiales o las exclusivas. Lo verdaderamente importante era la forma de hacer radio. Una radio cercana, artesanal, conectada con la calle, donde la imaginación suplía la falta de recursos y cada transmisión se preparaba con un enorme entusiasmo.

Nunca fui un profesional de la radio. Solo fui alguien enamorado de este oficio que tuvo la enorme fortuna de vivirlo desde dentro. Y quizá por eso aquellos recuerdos conservan hoy el mismo sonido que entonces: el de una pequeña emisora hecha por personas que disfrutaban contando la vida de su ciudad y acompañando a sus vecinos cada tarde.

Porque la tecnología de la radio puede cambiar, pero nunca cambiará la emoción de abrir un micrófono y saber que, al otro lado, alguien está esperando para escucharte.

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