Christophe Dugarry, de jugador del FC Barcelona a estrella de Radio Monte Carlo

Christophe Dugarry

A través del diario deporyivo Sport, conocemos la nueva faceta profesional de Dugarry, un futbolista que pasó sin pena ni gloria por el FC Barcelona. El francés, que solo jugó seis meses en el Barça (y no marcó ni un gol) dirige ahora ‘Team Duga‘ en Radio Montec Carlo junto a otros ex jugadores

“Trataré de igualar a Ronaldo”, prometió el 3 de julio de 1997, el día de su presentación oficial como jugador del Barça en el Camp Nou. El barcelonismo aún intentaba digerir la marcha del delantero brasileño, que una semana antes había pagado los 4.000 millones de pesetas de su cláusula de rescisión para irse al Inter cuando un francés de media melena procedente del Milan prometió convertirse en su sucesor.

Pero Christophe Dugarry acabaría convertido en el paradigma de fichaje fracasado, un delantero sin gol y con un punto excéntrico. Y sin embargo, las cosas no le fueron del todo mal cuando se fue del Barça: fue campeón del mundo en 1998, de Europa en 2000 y de la Confederaciones en 2001, y una vez retirado, ha sabido capitalizar perfectamente el cartel que se labró como jugador.

Del restaurante a la radio

Fundó ‘Nulle Part Ailleurs’ (‘En ninguna otra parte’), un restaurante en Burdeos junto a su amigo Zinedine Zidane (coincidieron en el Girondins) y no tardó en dejarse seducir por los micrófonos de radio y televisión.

Desde hace años ejerce de comentarista del fútbol francés y europeo: pasó por Canal+ Francia y France Television, donde se forjó fama de analista implacable, ácido y mordaz. Esta temporada ha estrenado programa propio en una de las grandes radios francesas, Radio Monte Carlo (RMC), la cuarta emisora con más audiencia en todo el país.

De lunes a jueves, de seis a ocho de la tarde, Dugarry dirige ‘Team Duga’, un programa que continúa el estilo que estrenó Luis Fernández con su ‘Luis Attaque’ y que presume de tener a todo un ‘Dream Team’ de comentaristas, con ex jugadores como Jerome Rothen, Frank Leboeuf, Eric Di Meco y un blaugrana de paso discreto por el Barça, Emmanuel Petit.

Delante del micrófono, Dugarry no se muerde la lengua. En los últimos meses ha lanzado dardos a Javier Pastore (“siempre está ausente, siempre está lesionado”), Neymar (“se ha dedicado a provocar, parece que esté jugando en el salón de su casa, hizo un partido insoportable”, criticó tras un PSG-Marsella) e incluso el Barça. “Sus dirigentes son nulos, el año pasado perdieron a Alves, ahora a Neymar…. Desde hace años, los fichajes son un desastre. Que dejen de intentar arañar diez o veinte millones porque tienen dinero para gastar”, dijo en verano. También tuvo palabras para Gerard Piqué. “Hay que decirle que deje de hablar porque es catastrófico desde hace meses”.

Hace años que se despidió de su melena, pero su carisma ha ido creciendo con el paso de los años. El pequeño estadio de Lormont, a las afueras de Burdeos, donde nació en 1972, lleva su nombre. Y su imagen es una de las más reconocidas en el mundo de la prensa deportiva francesa.

Pero su etapa en el Barça fue sencillamente desastrosa: trece partidos en seis meses, cero goles y un buen puñado de capítulos surrealistas, como cuando le pegó un impresionante balonazo en la cara a Van Gaal en pleno entrenamiento (supuestamente, de manera involuntaria), o como cuando se presentó en el despacho de su entrenador a lágrima viva para pedir una salida del club, cuando ya sabía que su etapa blaugrana estaba condenada al fracaso. Lo confesó años después.

“Ya no podía aguantar más y además Aimé Jacquet (por entonces seleccionador de Francia) nos dijo a los jugadores que teníamos que ser titulares en nuestros equipos. Entonces fingí llorar diciéndole ‘¡no puedo más, quiero irme!’. Van Gaal me miró con su cara de siempre y me contestó ‘No, no te marches, creo en ti’. Y yo tenía ganas de decirle: ‘¿Crees en mí en serio? ¿Entonces por qué me hiciste ocupar la posición del 6’?” Fueron seis meses horribles, he vivido un infierno”.

Su plan de choque salió bien y a finales de diciembre de 1997 el Barça lo traspasó al Marsella para que pudiera jugar el Mundial.

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