Arrosa Sarea, 20 años de radios libres en Euskadi y Navarra



Elsaltodiario.com publica que la red que agrupa a las radios libres de Euskadi y Navarra celebra dos décadas de cooperación para fortalecer un ecosistema radiofónico diverso, cercano y euskaldun.

Arrosa Sarea, la red de radios en euskera de Euskadi y Navarra, cumple 20 años este mes de junio. La iniciativa Herri Mugi! organizó un encuentro de los movimientos populares en Barria (Álaba) en 2001, y varias radios libres se juntaron en la comisión de comunicación de aquellas jornadas. Sintonizaron. Comprendieron que aquella colaboración debía ampliarse y extenderse en el tiempo. Poco después llegó la reunión fundacional en el festival Euskal Herria Zuzenean, en Arrosa, pueblo navarro del que tomaron prestado el nombre. Veinte primaveras después, 25 radios forman parte de la red y comparten cerca de 60 programas cada semana. Un esfuerzo común de las radios locales y libres para fortalecer una alternativa, en euskera y desde Euskadi y Navarra, en un dial copado por las empresas públicas y privadas.

Casi otros 20 años antes, unos amigos, estudiantes de periodismo, empezaron a grabar sus propios programas de radio en Bergara (Guipuzcoa), al calor de las experiencias de las emisoras Hala Bedi y Tas Tas Irratia —hoy, 97 Irratia—. Nacía así Txapa Irratia, la radio libre de Bergara. Iñigo Herreros es técnico de sonido y se acercó a la emisora casi desde el principio. Primero, un colectivo les cedió un local y después consiguieron otro cedido por el ayuntamiento. “Tenemos que conseguir un ordenador. Esto va a ser la hostia”, recuerda que le comentó un amigo en las fiestas de San Marcial, poco después de los encuentros en Barria. Se hicieron con uno y, aunque él no pudo ir, sus compañeros viajaron a Navarra y participaron en el nacimiento de Arrosa Sarea.

“Para nosotros, Arrosa ha sido vital desde el principio, poder compartir programas para llenar la parrilla ha sido una ayuda imprescindible”, valora Herreros. Txapa Irratia es una radio muy cambiante, las personas entran y salen, pero siempre hay relevo. Herreros empezó haciendo un programa musical con algunos amigos, ahora, en cambio, echa un cable con el funcionamiento técnico de la radio. Todavía se acuerda de un CD, con cinco discos grabados, que ponían una y otra vez para llenar los huecos en la programación. A sus 37 años, Txapa Irratia comparte más de una veintena de programas con el resto de emisoras de la red, y gracias al intercambio puede llenar de contenidos las 24 horas de su programación diaria, cada día.

Iraitz Gesalaga coordina Arrosa Sarea y lleva, también, una quincena de años participando en Arraio Irratia, la radio libre de Zarautz. El intercambio de programas entre radios, además de ayudar a las más pequeñas a rellenar su parrilla, funciona como un altavoz; aumenta la difusión de cada espacio. “Hace veinte años se hizo una reflexión: hay muchas radios locales y libres pero están atomizadas”, explica. “En este país tenemos distancias psicológicas, y a veces también físicas, como montañas, entre un pueblo y otro. Eso hace que muchas veces ni nos enteremos de lo que pasa en el pueblo de al lado”, señala. Arrosa Sarea trata de recortar esas distancias, ser un espacio de encuentro.

A nueve kilómetros en línea recta desde Bergara, sobrevolando el monte Irimo, se encuentra Kkinzona Irratia, la radio libre de Urretxu-Zumarraga. Haritz Berasategi produce, con otros compañeros, el magazín Gaur Egur. La emisora está en el gaztetxe, donde hace más de diez años un grupo de gente que orbitaba a su alrededor empezó a hacer fanzines macarras y desenfadados, para, en palabras de Berasategi, “dar coba a lo que pensamos”. Enseguida se lanzaron también a la radio para difundir opiniones, ideas, críticas e ilusiones.

Para el colectivo de Kkinzona —el nombre es una broma de la época, algo así, abreviado del euskera, como “el que la cagó”—, la radio es otro medio, nada más y nada menos. Y son, más que una radio al uso, “un proyecto comunicativo comunitario”. Además de mantener en marcha la emisora, publican fanzines sin periodicidad concreta, algunos cómics y hasta han realizado dos películas amateur. Lo fundamental siempre ha sido comunicar. “La potencia de la radio es la cercanía, lo local. Tratamos de que los colectivos del pueblo nos tengan en cuenta, y nosotros a ellos, para informar”, sintetiza Berasategi. “Urretxu y Zumarraga no son exactamente el Goierri, y aunque algún medio comarcal saca noticias de aquí, sentíamos que había un vacío y nos propusimos llenarlo con lo que nos interesa”.

Ese afán por comunicar y la relación con otros colectivos y movimientos populares son un punto importante para Gesalaga. Y su balance de las dos décadas de vida de Arrosa es positivo. “Que la red siga creciendo y que las radios sigan existiendo, a pesar de todas las dificultades, es ya una victoria”, señala su coordinador. Para buscar las razones se remonta al origen. “Que haya tantas radios en un pueblo tan pequeño como el nuestro significa que son algo vivo. Siempre hemos estado muy pegados a los movimientos populares. Tenemos que contar nuestras realidades, desde nuestras perspectivas, y para eso necesitamos medios, nadie las va a contar por nosotras”, afirma desde el local de Hala Bedi, en Gasteiz.

Ondas diversas
Cooperación sí, pero respetando siempre las características propias de cada radio, advierte Gesalaga. No es solo una idea, también es una práctica. Arrosa se financia con las cuotas que paga cada radio en función de su capacidad. Con ese dinero se mantiene la web, se coordinan los contenidos, se produce un magazín semanal y se emplea a dos personas, una a media jornada y otra a un tercio de jornada. “El contrato te libera de otras cosas pero no da para vivir. La mayoría del trabajo es militante”, reconoce el coordinador, una de las dos personas liberadas en Arrosa.

No son lo mismo Laixiar Irratia (Iurreta, Vizcaya), la más joven de las emisoras y la última en sumarse, que la emblemática Hala Bedi, de Vitoria, o Naiz Irratia —antes Info7—, que pertenece a una empresa de comunicación privada y emite en todo Hegoalde. Una red diversa: diferentes capacidades, modos de concebir la radio, formas de mirar, y contar, lo que nos rodea. Y también diferencias políticas. Algo natural, para Gesalaga, al tratarse de un espacio amplio. Incluso en cada radio hay debates, ya que la mayoría aspiran a ser comunitarias. “Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa”, resuelve el coordinador de Arrosa Sarea.

Todos los programas que comparte Arrosa son en euskera, aunque en algunas radios emitan también en castellano. El idioma y el espacio geográfico que ocupan, a ambos lados de los Pirineos, Euskadi y Navarra, son la base de esa unión. Leo Bueriberi conduce y produce Zebrabidea, el magazín de Arrosa. Ella va un poco más allá. “Ese compartir, esa ayuda que nos prestamos entre emisoras, es lo que nos diferencia de otras maneras de hacer radio. Hay un sentimiento de familia, sabes que puedes contar con las demás”, añade, también desde el local de Hala Bedi. Allí, en Vitoria, donde estudió y vive, se acercó a la emisora por primera vez como colaboradora de los programas O no será, sobre feminismos, e Hizpide. Colaborar, compartir contenidos, experiencias y recursos. Apoyo mutuo, en definitiva.

Zebrabidea es fruto, en parte, de esa cooperación. Los contenidos del programa se nutren con la participación de varias radios. Además, cuenta con una red de colaboradores sobre temáticas variadas: economía, literatura, música. Dan voz a medios afines, por ejemplo, con el adelanto semanal de la revista Argia. Y los movimientos sociales también cuentan con su espacio, como el colectivo BALA y su tiempo para hablar de disidencias sexuales. “Las noticias o las entrevistas las marca la actualidad política”, explica Bueriberi, locutora también del programa. La de los movimientos populares, claro.

Ley de la jungla
“La frecuencia modulada (FM) es la ley de la jungla. El más fuerte, el que más potencia de emisión tiene, emite, y al resto que le den”, resume Gesalaga. Y recurre a una analogía habitual en el mundillo. Montar una radio sin licencia es como ocupar una casa vacía, aunque en ese caso lo que se ocupa son unas ondas. Primero, debes encontrar un espacio vacío en el dial, mejor si no tienes vecinos o no les molestas. Y mientras nadie quiera echarte, sigues sonando en el limbo de lo alegal.

En este caso, la orografía juega a favor de las radios libres. “Hay muchos montes y por motivos técnicos es habitual que de un pueblo a otro cambien las frecuencias. En los pueblos es relativamente fácil encontrar un hueco y mantenerte ahí. En las ciudades, en cambio, es más complicado”, explica el coordinador de Arrosa. ¿Debe una radio libre aspirar a tener una licencia pública, a recibir subvenciones? En Arrosa, cada emisora tiene autonomía para decidirlo. Es más, cuando algunas lo han intentado, han contado con su apoyo.

No es el caso de Kkinzona, tampoco el de Txapa. Ambas se sienten cómodas en sus localidades, llevan décadas emitiendo sin licencia ni subvenciones, sin mayores problemas y disfrutan de la libertad de “no depender de nadie”. Pero también se da el caso contrario. Bilbo Hiria Irratia lleva funcionando más de veinte años sin licencia, con toda su programación en euskera, desde y para el Bilbao metropolitano, la ciudad más poblada de Euskal Herria. En 1997, la cooperativa Zenbat Gara puso en marcha la emisora, después de abrir también el Kafe Antzokia, una sala de ocio, restaurante y bar para promover la cultura vasca en la capital de Bizkaia.

Ane Zabala es periodista y disfruta de la radio, escuchándola y haciéndola. En 2003 se acercó a Bilbo Hiria Irratia, después de que fuera despedida de Radio Euskadi, y le recibieron con los brazos abiertos. Así empezó a producir, junto con Galder Pérez, el programa cultural Pipérpolis. Y hasta hoy, que es la coordinadora de la emisora.

En 2012, se presentaron al concurso público para conseguir una licencia convocado por el Gobierno Vasco, presidido entonces por Patxi López. Se sacaron 34 licencias a concurso, cuatro de ellas en Bilbao: dos en euskera y dos en castellano. Con todo, sabían que lo tendrían difícil. Ya entonces, Bilbo Hiria criticó que el concurso no tenía en cuenta a las radios comunitarias y favorecía a las radios comerciales. “Nos sorprendió mucho que no se valorase la experiencia, el saber hacer. Nosotras llevábamos años emitiendo. Además, los criterios penalizaban, de alguna forma, el euskera, que apenabas sumaba puntos. Y no hay que olvidar que es una lengua oficial en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV)”, critica Zabala.

El Gobierno Vasco, ya en funciones, una vez concedidas y publicadas las adjudicaciones, decidió invalidar el concurso. Algunas radios acudieron a los tribunales y en 2014 el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco les dio la razón. Sin embargo, el Gobierno Vasco, esta vez presidido por Iñigo Urkullu, recurrió la sentencia ante el Tribunal Supremo. Finalmente, en 2019, el ejecutivo vasco fue obligado a repartir las licencias otorgadas en aquel concurso y a pagar algunos costes del proceso.

Dos radios de Arrosa consiguieron de este modo sus licencias. Hala Bedi obtuvo el permiso para un segundo dial, Hala Bedi Bi, íntegramente en euskera. El primero, que suena en euskera y en castellano, se quedó fuera. Por su parte, Naiz Irratia obtuvo siete licencias. Bilbo Hiria y Tas Tas Irratia no lograron su licencia.

Antes de eso, en 1992, el Gobierno Vasco había otorgado sus últimas licencias después de una batalla por las competencias con las autoridades españolas. Según Zabala, actualizar el dial y sacar a concurso más licencias era “una patata caliente”, porque hay grandes intereses detrás de cada permiso para utilizar una frecuencia. La mayoría de las radios que emiten con licencia en la CAV pertenecen a grandes cadenas como la SER, Onda Cero o la COPE, después de un proceso de concentración y acuerdos con emisoras locales.

Ane Zabala denuncia también que los vascoparlantes perdieron un hueco en el dial hace dos años, cuando se hicieron efectivos los resultados del concurso de 2012, después de siete años de proceso. Una de las licencias reservadas para radios en euskera, la 92.7fm, fue adjudicada a una emisora de la cadena SER, que emite casi todo en castellano. “Necesitamos referentes de la comunicación en euskera. Aunque sea por pura demografía, somos la ciudad con más euskaldunes de Euskal Herria. En el Bilbao metropolitano viven cerca de un millón de personas, pero quizás como comunidad no lo veamos tan claro. Por eso, quizás aquí no sea tan fácil vivir en euskera como en otras partes”, señala la periodista. En el dial, la inmensa mayoría de las radios suenan en castellano, algunas pocas bilingües, y apenas cinco íntegramente en euskera. “Una vez más, el euskera sale perdiendo”, recalca la coordinadora de Bilbo Hiria.

Nubes y diales
El día que nació Arrosa Sarea, por aquel 2001, internet cumplía diez años de vida. En apenas veinte años nuestras formas de relacionarnos con la información, la cultura y los medios, en general, han sufrido cambios acelerados y profundos de la mano de la red de redes y las tecnologías de la comunicación. Y la radio, como no podía ser de otra manera, no es ajena a esta nueva realidad virtual.

Bilbo Hiria Irratia, por ejemplo, fue la primera radio en emitir su programación en directo, en streaming desde su web, en 2006, explica orgullosa Ane Zabala. “Desde entonces todo lo que hacemos se guarda en la nube, está disponible ahí libremente. Pensamos en trasladar también el resto del archivo, todo lo anterior, pero quizá sería demasiado. Aquí, en nuestros estudios, ya no guardamos nada”, confiesa, en referencia a la cantidad de archivos acumulados durante años. Ahora todos los contenidos se almacenan, en forma de datos, en algún servidor.

Consciente de los nuevos tiempos, Arrosa Sarea se fijó el año pasado como reto abordar las nuevas maneras de producir y escuchar la radio. Desde entonces, han lanzado una aplicación para los teléfonos móviles desde la que se puede conectar en streaming con cualquiera de las emisoras que forman parte de la red. Además, han añadido tres podcasts a su despensa común de contenidos, aunque no sean producidos estrictamente por emisoras de radio.

“Hay que apostar por los podcasts, la gente los escucha. Aunque sin la emisión, sin el directo, la radio pierde su xarma [encanto]”, opina Herreros, que se ha dedicado también a gestionar los contenidos de Arrosa para Txapa Irratia. “Nosotros lo tenemos claro, vamos a seguir en la FM”. Para Bueriberi, estos nuevos formatos abren posibilidades, maneras de escuchar que, a lo mejor, se adaptan mejor a los ritmos de vida que llevamos. “Una cosa que me gusta es que puedes parar. Ese tiempo que podías dedicarle antes a la radio puede que ya no lo tengas. Hoy todo son prisas pero ahora puedes estar escuchando, dejarlo, y retomarlo después. Eso también tiene su magia”, reconoce, sin olvidarse, anhelar, los encantos de la radio de toda la vida: “Aunque sin que haya habido un directo, a lo mejor no es tan mágico”.

Por su parte, para Berasategi los podcasts, las redes sociales y la radio digital no fueron una disrrupción. Kkinzona Irratia empezó emitiendo por internet y solo tiempo después consiguieron ocupar un espacio en la frecuencia modulada, después de montar un estudio por su cuenta, autogestionado. “Si ahí esta la gente, ahí tenemos que estar. Lo importante es que se nos escuche”, dice, resumiendo la experiencia y la filosofía del colectivo. Mientras haya historias que contar, mensajes para compartir, seguirán sonando, libres, las radios comunitarias, desde el barrio al mundo entero.

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