14.8.2026.- Alejo Paredes publica en lecturas.com que el periodista radiofónico se sinceraba sobre su juventud en ‘Lo contó la radio’, el programa de Diego Fortea que repasa la trayectoria de algunos de los comunicadores más destacados del país.
Es imposible concebir la radio sin Carlos Alsina (56 años), al igual que a Carlos Alsina le resulta complicado no concebir su vida sin la radio. A partir del próximo mes, el famoso locutor abandonará el tramo de madrugada en las mañanas de Onda Cero para dar paso a lo que será su retirada paulatina. Ya lo preveía a finales de la temporada pasada: «Estoy gastado», admitía a sus oyentes. Hasta entonces, su papel se reducirá al tramo cultural de su programa ‘Más de uno’, desde las 10 hasta la 1 del mediodía.
Y es que son muchos los años que llevamos escuchando a este periodista originario de Madrid contar sus opiniones y los sucesos más impactantes de nuestro país. Sin embargo, en la cabeza de un joven Carlos Alsina a punto de terminar el instituto nunca existió la opción de formarse como comunicador.
Le gustaban las ciencias
Carlos Alsina ha participado como invitado al pódcast ‘Lo contó la radio’ de Diego Fortea en Onda Cero, un programa de entrevistas que repasa la trayectoria de algunos de los radiofonistas más importantes de España. Como no podía ser de otra manera, el locutor de ‘Más de uno’ fue el padrino de esta segunda temporada, en una entrevista en la que pudimos conocer su faceta más cercana y personal.
Alsina ha manifestado, por ejemplo, que nunca pensó el periodismo como primera opción tras finalizar el Bachillerato. «Yo parecía que iba orientado a hacer una ingeniería de telecomunicaciones o una arquitectura. Pero a la vez me gustaba mucho la radio porque me divertía”, explicaba, señalando que los transistores en su hogar familiar no paraban de sonar.
De hecho, afirmaba que «el 99% de mis compañeros acabaron haciendo arquitectura o telecomunicaciones», mientras él, en «un momento de poca lucidez, renuncio y pongo periodismo», justo cuando solicitó la plaza en la universidad. No tenía certeza alguna, pero había algo dentro de él que le avisaba de que el micrófono sería su gran descubridor.
La forma de llegar a la radio
Como muchos otros grandes periodistas, Alsina sabía que el único camino disponible para llegar a la radio era estudiando periodismo, pese a que no fuera la carrera de sus sueños. «Pongo periodismo porque digo ‘pues vamos a ver si a mí en realidad lo que me gustaría es poderme ganar la vida trabajando en la radio, no haciendo radio, trabajando ahí con esa gente que se lo pasa tan bien», rememoraba en la entrevista.
Más tarde, y lejos del fanatismo que le condujo a tomar esta decisión, Alsina recordaba: «También podía haber hecho una ingeniería de telecomunicaciones y haber entrado en la radio, pero poniendo antenas, yendo por las emisoras, viendo a ver qué potencia tenemos que nos ha fallado el repetidor. No sé de esas cosas», apostillaba con su particular humor.
Familia numerosa
Pese a los muchos años que Carlos Alsina lleva alojado en nuestras ondas, pocos son los datos que conocemos de su vida personal. Sabemos que es hermano de otros cuatro cuyas profesiones son bien distintas: empresarios, peluqueros… Vivía, en su niñez, junto a ellos, sus padres y su abuela.
Junto a ellos, se dio cuenta que, además del periodismo o la arquitectura, también le llamaba sumamente la atención las imitaciones. «Siendo muy enano ya estaba en la senda. Imitación también grababa y se me daba bastante bien. Sobre todo, las de los profesores», confesaba en otra entrevista.
Su pareja
De su faceta sentimental poco conocemos también. No tiene hijos, tampoco. Pero, eso sí, dedica su tiempo alejado de las ondas y el ruido de la actualidad a cuidar de su tesoro más preciado: sus 7 perros. Y es que, ya lo decía él mismo, su niñez se vio marcada por el criado de estos animales.
«De niños siempre tuvimos perro. Luego, al venirme al casi campo, a una casa con un espacio exterior más allá de la pura vivienda, los volví a tener», confesaba hace algún tiempo atrás. Recordemos que el locutor vivió, primero, en un céntrico piso de la capital madrileña. Ahora ensancha su vida a las afueras, en un entorno mucho más rural que le permite hacer felices a sus compañeros de vida.
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